08/05/2026
Con motivo del día de las madres
LAS MADRES DEL CIELO...
(Por Fernando D'Sandi)
¿Dónde andas, mi niño?
Te he sentido caminar por la casa
con el alma hecha nudo…
abriendo puertas que ya sabes vacías,
tocando mis cosas despacito,
como si el amor pudiera romperse también con el ruido.
No pongas esa cara…
si hasta acá arriba me llega tu tristeza.
Y mira que he querido bajarte el dolor de los hombros como cuando eras pequeño y te quedabas dormido en mis piernas después de llorar por cualquier herida del mundo.
Nomás que ahora la herida soy yo…
o mi ausencia.
Y esa no puedo curártela con pomadas,
besos ni caldito caliente.
Pero sí puedo acompañártela.
No sabes cuánto agradezco
todo lo que hiciste por mí.
Tus cuidados.
Tu paciencia cuando el cansancio
me hacía terca o difícil.
Gracias por tener calma
cuando me volví más lenta y torpe.
Gracias por tus silencios
para no preocuparme.
Por tus desvelos.
Por tus manos acomodándome la vida mientras la mía ya comenzaba a despedirse.
Yo me fui sabiendo algo que pocas madres pueden llevarse al cielo:
que fui profundamente amada por mi hijo…
por mi hija.
Y eso me hizo sentir en paz hasta a la muerte.
No te castigues por los días
en que te desesperaste.
Ni por las veces en que sentiste agotamiento.
El amor verdadero también se cansa.
También se rompe tantito.
También necesita sentarse a llorar a escondidas.
No cargues culpas que no te pertenecen.
Hiciste más de lo que podías.
A veces hasta más de lo que debías.
Y mírate… sigues aquí.
Con el corazón parchado, pero latiendo.
Eso me llena de orgullo.
Porque no te eduqué para rendirte
cuando la vida doliera.
Te enseñé a seguir aun con lágrimas
en la garganta.
A compartir el pan.
A mirar de frente.
A tender la mano.
A no volverte piedra
aunque el mundo te lastime.
No quiero que me llores
como alguien que lo perdió todo.
Porque yo no me llevé lo mejor
de esta historia.
Lo mejor… te lo dejé a ti.
Te dejé mi voz viviendo en tus recuerdos.
Mis manías.
Mis consejos.
Mi manera de amar.
Hasta mi sazón, mis mañas,
mis regaños viven todavía en tu conciencia cuando haces alguna locura.
Y créeme que a veces te acompaño
cuando hablas solo.
Cuando manejas pensando en mí.
Cuando sonríes de repente recordando alguna tontería que vivimos juntos.
Ahí estoy... No como fantasma.
Sino como amor que nutre el alma.
Porque el cuerpo de las madres se va,
pero nuestra presencia y cercanía
nos regresa para cuidar.
Hazme un favor, mi niño… mi niña…
duerme esta noche sin pelearte tanto
con la ausencia.
Abrázala suave.
Como se abraza algo sagrado
que dolió muchísimo amar.
Y cuando extrañes mis brazos, cierra los ojos.
Todavía sé arroparte desde la eternidad.
Duerme mi pequeña... Mi pequeño.
Mamá está aquí, cerquita, distinta,
pero el mismo amor de siempre...
Créditos: Fernando D'Sandi