18/11/2025
Hace dos años tuve un fuerte accidente en carretera con mi familia, el carro volcó. Quienes han vivido algo así saben que no se trata solo de un susto: queda algo dentro del cuerpo y de la mente, una especie de secuela silenciosa, un miedo que te frena incluso para volver a tomar el coche o acercarte a una carretera parecida.
Después del accidente, lo primero que hice —cuando ya no podía sacarme las imágenes de la cabeza— fue obligarme poco a poco a volver a manejar. Había tramos de carretera que se parecían demasiado a aquel lugar, y en cada uno de ellos me sudaban las manos, me invadía el recuerdo, se activaba la alerta. Pero también sabía que los miedos solo se resuelven enfrentándolos gradualmente, paso a paso.
Ese mismo año me propuse no evitar las carreteras. Al contrario: buscaba salir aunque fuera con el estómago hecho n**o, porque sabía que si dejaba que el miedo creciera, iba a volverse más grande que yo. Y así lo fui haciendo. Iba nerviosa, las manos húmedas, el cuerpo tenso, pero seguí. Y poco a poco ese tramo de vida fue cayendo en su lugar.
Hace dos meses tuve que renovar mi visa y, por primera vez en dos años, debía volver sola por la misma carretera y hacia el mismo destino. Semanas antes de la cita apareció un dolor fuerte en el cuello y la espalda alta, justo donde tuve una de las lesiones del accidente. No lo relacioné al principio, pero hoy lo veo claro: mi cuerpo se acordó antes que mi conciencia.
Crucé la carretera, pasé mi cita, todo salió bien… pero el dolor seguía ahí. Después, dos meses más tarde, llegó la cita de la visa de mi hijo y su papá. Y nuevamente el dolor regresó con más fuerza: misma carretera, misma ruta, ahora los tres juntos, como hace dos años. El cuerpo, una vez más, recordó.
Hoy, mientras ellos están en el consulado y yo termino de escribir esto, me doy cuenta de algo extraño pero revelador: el dolor ya no está. Ni en la espalda, ni en el cuello. Como si el cuerpo hubiera soltado lo que había estado guardando.
La forma en que el trauma se manifiesta es muy particular y precisa. A veces creemos que ya lo dejamos atrás, pero el cuerpo no olvida tan fácilmente. Solo quería dejar esto por escrito, para recordarme que, aunque para otros pueda parecer algo pequeño, para mí es un logro enorme haber atravesado nuevamente esa carretera que hace años nos dio un susto tan grande… pero también la oportunidad de que todo saliera bien. Hoy lo veo, lo agradezco y lo celebro.