21/03/2026
Estoy leyendo el fragmento de un escrito y hay un ejemplo que me dejó pensando mucho…
Habla de una barca.
Dos personas intentan “equilibrarla”, pero cada una se inclina hacia su lado.
Mientras más se inclina una, más lo hace la otra.
Y así, en un intento por corregir, terminan desestabilizando lo que en realidad ya estaba estable.
Me gusta mucho este ejemplo porque describe algo que veo constantemente:
uno insiste → el otro se cierra
uno pregunta → el otro evita
uno reclama → el otro se distancia
Y entonces aparecen etiquetas:
“celos”, “frialdad”, “desinterés”…
Pero pocas veces nos detenemos a mirar lo más importante:
👉 la dinámica que se construye entre ambos.
Porque muchas veces el problema no es una persona, es el ciclo en el que están atrapados.
Y aquí viene lo más difícil (y también lo más transformador):
no siempre se soluciona haciendo más de lo mismo.
A veces, el cambio empieza cuando alguien decide hacer algo diferente:
dejar de jalar,
dejar de empujar,
dejar de inclinar la barca…
y permitir que el otro también se reacomode.
💭 No es rendirse.
💭 Es cambiar la forma de participar en la relación.
A veces, la solución no está en insistir más…
sino en hacerlo diferente.
¿Y qué pasaría si, por un momento, haces algo distinto?