12/10/2021
IMPERDIBLE:
Los místicos orientales denominan la parte de nosotros de donde emanan las «razones porque no» el «monito borracho». Todos escuchamos al monito borracho que hay en nuestra mente cuando necesitamos una «razón porque no», sobre todo cuando hemos decidido seguir una dieta o un programa formal de ejercicios, o emprender una actividad distinta como puede ser el estudio de una nueva disciplina.
Sea cual fuere nuestro compromiso, el niño caprichoso que llevamos dentro todavía «quiere lo que queremos cuando lo queremos». Es entonces cuando acudimos inconscientemente al monito borracho para que nos facilite algunas buenas racionalizaciones que nos ayuden a conseguirlo.
El monito borracho estará encantado de darnos todas las razones por las que el hecho de comer sólo una tableta de chocolate no tiene importancia. Aun así, proclamamos que seguimos la dieta. No admitimos que, en realidad, no la seguimos. O bien la abandonamos para tomar un tentempié, y luego regresamos a ella. De hecho, aunque pensemos que hemos estado sometidos a dieta durante días, ¡quizá sólo la hemos seguido durante unas horas!
Los fumadores suelen encender otro ci******lo al mismo tiempo que anuncian que han dejado de fumar. Yo incluso he oído decir a algunas personas: «He dejado de fumar. Ahora sólo consumo un paquete al día». El monito borracho nos facilita la negación. Estará encantado de decirle que saltarse un día de ejercicio no tiene importancia.
Claro que muchos de nosotros seguimos saltándonos más días de ejercicio una vez que hemos alterado nuestro programa. El monito borracho es lo bastante prudente como para no mencionar eso. De hecho, si nos olvidamos por completo de hacer ejercicio durante unos meses, él no nos lo reprochará. Cuando nos acordamos o alguien nos lo recuerda, el monito borracho se pone manos a la obra y nos suministra una
lista interminable de «razones porque no».
Algunas de las más socorridas son:
«No tengo tiempo.»
«Estoy demasiado ocupado.»
«No sé cómo hacerlo.»
«Lo dejaré si tú lo dejas.»
«Bueno, tú no lo dejaste; no voy a hacerlo yo.»
«Él/ella me obligó a hacerlo/no hacerlo.»
«Estoy demasiado débil.»
«Me trae sin cuidado.»
«No tendrá importancia.»
«Soy demasiado estúpido.»
«No soy lo bastante bueno.»
«No supe.»
«No sabía que hubiera una ley, o un límite de velocidad, o un toque de queda.»
Por lo general, seleccionamos algunas «razones porque no» de nuestro gusto y las utilizamos para todo. Nuestras «razones porque no» funcionan holográficamente a través de todos los aspectos de nuestra vida. Cuando empleamos una «razón porque no» en un área concreta, se aplica automáticamente a todas las demás áreas de la vida. Es habitual. Por ejemplo, en el área del cuidado personal, quizá «no tenemos tiempo» para hacer ejercicio o para cocinar, de modo que «tendremos que» comer cualquier porquería.
En otro aspecto de nuestra vida, tal vez «no tenemos tiempo» de responder el correo, llamar a la gente, cancelar el talonario, terminar un proyecto en el trabajo, etcétera. Nuestra negación, en forma de las «razones porque no», de la necesidad de ocuparnos de nuestra salud adopta también una gran variedad de alegatos. Pongamos por ejemplo que hace algún tiempo que no nos sentimos bien y no hemos hecho nada al respecto.
Nuestras «razones porque no» pueden ser parecidas a
éstas:
«A fin de cuentas no me ocurre nada malo.»
«Si lo ignoro, terminará por marcharse.»
«El médico me hará daño.»
«Ya me curaré.»
Pero, entonces, nunca emprendemos la tarea de realizar una autocuración regular porque no disponemos de tiempo. El rechazo o la negación nos mantiene alejados del miedo. Nos ayuda a eludir el enfrentamiento con nuestro tigre interno. Por desgracia, también nos mantiene desconectados de nuestro sistema de equilibrado y, en consecuencia, probablemente nos veremos abocados a la enfermedad.
Para restablecer el contacto con nuestro sistema de equilibrado, debemos afrontar el miedo. Debemos volvernos y dar la cara al tigre interno.
~Barbara Ann / Hágase la luz