03/03/2026
Mi abuela siempre decía que cuando ella era niña las enfermedades mentales no existían: no había depresión ni problemas a causa de “las emociones”. A ellos les enseñaron a trabajar, a salir adelante, a aguantar, a no quejarse y a arreglar sus problemas solos, así que eso de necesitar un psicólogo era un invento de los jóvenes de estas nuevas generaciones que no aguantan nada.
Cuando empecé a estudiar la carrera, uno de mis objetivos era que mi familia conociera a lo que me dedico y lo que realmente es la Psicología: cambiar esos prejuicios, abrir nuevas conversaciones y nuevos puntos de vista hacia la salud mental y el impacto de está en el desarrollo y vida de las personas.
Así que me tocó también aprender y comprender que el desconocimiento no es sinónimo de algo negativo, que no todos tenemos las mismas oportunidades de CONOCER y de APRENDER, que no eres superior por saber un poco más sobre un tema, que siempre hay algo nuevo y que todos podemos reeducarnos en algo que pensábamos que ya sabíamos.
Hace poco tuvimos una situación familiar muy traumática y dolorosa. Mi abuela se acercó a mí y me dijo que iba a sacar su cita con una psicóloga para que le ayudara a vivir su duelo, porque si bien toda la familia lo está viviendo y nos acompañamos en el proceso, no lo vivimos ni lo procesamos de la misma forma.
Ayer tuvo su primera consulta psicológica y me siento muy orgullosa de ver cómo ha decidido romper con esas creencias, actitudes y estigmas que ella tenía aprendidos, porque en sus tiempos así eran las cosas y alguien les enseño que eso era lo correcto.
Sanar también es romper patrones.
Cuestionar lo aprendido, si es un acto de valentía.
Y nunca es tarde para empezar a cuidar tu salud mental.
Hoy mi abuela, tambien me enseñó a mí. ✨🥹🩵🧠