25/11/2025
𝐄𝐥 𝐦𝐨𝐯𝐢𝐦𝐢𝐞𝐧𝐭𝐨 𝐢𝐧𝐭𝐞𝐫𝐫𝐮𝐦𝐩𝐢𝐝𝐨, como lo observó Bert Hellinger, surge cuando el bebé quiere ir hacia mamá…
pero algo lo detiene.
La necesidad natural de contacto, calor y mirada queda sin respuesta:
una separación temprana, una enfermedad, una depresión, un trabajo, o simplemente una presencia sin vínculo.
Para el niño pequeño, esa distancia no tiene explicación.
Solo se siente como un vacío que asusta,
como una caída interna,
como si la vida se alejara por un instante.
Y ese instante queda registrado en el cuerpo como una verdad profunda:
“Si no estás, no estoy seguro.”
Décadas después, ese movimiento detenido se expresa en la adultez como ansiedad, miedo al rechazo, dificultad para confiar, necesidad de aprobación y una búsqueda constante de alguien que sostenga lo que no se sostuvo en el inicio.
Pero el camino de sanación no se encuentra en culpar ni exigir.
Sanar es permitir que ese movimiento —congelado en el tiempo—
pueda completarse dentro de ti.
Es dejar que la parte niña vuelva, poco a poco, hacia la madre tal como fue,
sin pedir que sea distinta,
y tomar de ella la fuerza y la vida que siempre estuvieron disponibles.
Cuando ese movimiento se restablece, el alma descansa.
El cuerpo también.
Y la vida vuelve a sentirse posible.
Y si este movimiento toca tu historia,
puedo acompañarte a mirarlo con suavidad y profundidad
desde la mirada sistémica y las constelaciones familiares,
para que tomes lo que te pertenece
y sigas avanzando más ligero.