14/02/2026
¿Cómo vas a proteger a alguien
si ni siquiera puedes dominarte a ti mismo?
Hablas de responsabilidad como si fuera honor pero eres esclavo de tus impulsos.
Tu voluntad se quiebra por una notificación.
Tu disciplina muere ante la mínima incomodidad.
No eres víctima.
Eres permisivo contigo mismo.
Quien no controla sus hábitos
no controla su mente.
Y quien no controla su mente
vive reaccionando, no dirigiendo.
Dices que quieres ser el sostén.
Pero hoy eres inestable.
Dices que quieres ser refugio.
Pero ni tú te soportas en silencio.
No eres un pilar.
Eres una carga que se autojustifica.
“Estoy cansado.”
“Estoy estresado.”
“No es el momento.”
Mentiras cómodas.
Sabes exactamente qué hacer.
Levántate cuando no quieres.
Trabaja cuando no te apetece.
Entrena cuando duele.
Calla cuando quieres quejarte.
Pero eliges lo fácil.
Y luego culpas al mundo por no respetarte.
La verdad es más cruda:
Nadie confía en un hombre que no se exige.
Nadie descansa en un carácter blando.
Nadie sigue a quien no puede liderarse.
La vida no te está atacando.
Te está reflejando.
Y lo que refleja no es mala suerte.
Es falta de dominio.