08/01/2026
Abrir nuestra mentalidad a nuevas opciones como sociedad es un acto de empatía, madurez y profundo respeto por la dignidad humana. En México, hablar de temas como la eutanasia sigue siendo difícil, no porque falte compasión, sino porque históricamente hemos sido formados para entender la vida únicamente desde la lucha por prolongarla, incluso cuando esa prolongación conlleva sufrimiento extremo. Sin embargo, hoy más que nunca es necesario ampliar la conversación y escuchar las realidades de miles de pacientes que viven en fases terminales, con dolor intenso, gran incomodidad física y emocional, y en muchos casos con compromiso de las vías respiratorias u otras condiciones que deterioran profundamente su calidad de vida.
Las opciones actuales, aunque están orientadas a preservar la vida, resultan limitadas para quienes ya no tienen posibilidades de recuperación y cuyo día a día se ha convertido en una experiencia de sufrimiento constante. En estos casos, abrir la puerta a alternativas legales como la eutanasia no significa restar valor a la vida, sino reconocer que la dignidad, la autonomía y el derecho a decidir también forman parte de ella. Se trata de ofrecer una opción compasiva para quienes enfrentan el final de su camino con dolor insoportable y sin expectativas médicas de mejora.
El caso de Samara trasciende porque pone rostro y voz a una realidad que viven miles de personas en silencio. Su lucha no es individual, es colectiva. Representa a pacientes y familias que piden ser escuchados, comprendidos y acompañados con humanidad. Aplaudimos de manera profunda y emotiva toda la fuerza, el esmero y la entrega que Samara ha demostrado al impulsar la legalización de la eutanasia en México, enfrentando no solo su propia condición de salud, sino también barreras sociales, legales y culturales.
Hablar de eutanasia es hablar de amor, de compasión y de respeto por la decisión de quien sufre. Abrir nuestra mentalidad no nos divide como sociedad; por el contrario, nos acerca a una visión más humana, más justa y más consciente de que, en algunos casos, permitir descansar también es una forma de cuidar.