14/12/2025
Shiva nos enseña que el tiempo no es una línea rígida ni un enemigo que nos persigue, sino un espacio sagrado en movimiento. Cada instante es un latido de conciencia dentro de una danza mayor: la danza de la creación, la preservación, la purificación y la destrucción consciente. Nada ocurre fuera de ese ritmo. Nada llega antes ni después. Todo llega cuando el alma está lista para sostenerlo.
En su forma más profunda, Shiva es Kala, el señor del tiempo. No del tiempo del reloj, sino del tiempo interior: ese que se expande en el silencio, que se contrae en la herida, que se detiene cuando hay presencia verdadera. Bajo esta mirada, el tiempo deja de ser castigo y se revela como maestro.
La danza que crea
Shiva crea no desde la prisa, sino desde el vacío fértil. Cada inicio auténtico nace cuando algo dentro ha sido escuchado. Cuando honras el ritmo natural de tu proceso —sin forzarte a sanar antes de tiempo, sin exigirte claridad prematura— permites que la creación surja con raíz profunda. Lo que nace desde el ritmo interno no necesita ser defendido: se sostiene solo.
La danza que sostiene
Sostener no es aferrarse. Shiva sostiene a través del equilibrio dinámico: presencia en medio del cambio. Aquí el tiempo se vuelve aliado. Aprendes que hay etapas donde no se avanza externamente, pero se integra internamente. El alma madura en silencio, como la semilla bajo la tierra. El ritmo divino también sabe esperar.
La danza que purifica
Toda crisis, todo colapso, toda incomodidad prolongada tiene un propósito alquímico. Shiva purifica a través del fuego de la conciencia: lo que duele señala lo que pide ser visto. El tiempo, en este punto, deja de ser amenaza y se vuelve hogar de sanación. No hay error en tardar; hay sabiduría en atravesar.
La danza que destruye
Aquí yace la enseñanza más temida y más liberadora. Shiva destruye lo que ya cumplió su función: identidades, vínculos, creencias, versiones de ti que alguna vez fueron necesarias, pero que ahora limitan tu expansión. Esta destrucción no es castigo, es compasión divina. El tiempo se encarga de mostrar cuándo algo ya no vibra contigo. Resistirse duele. Soltar libera.
Vivir en el ritmo de Shiva
Sintonizar con el ritmo divino no significa hacer menos, sino escuchar más. Preguntarte:
• ¿Este movimiento nace del miedo o de la verdad?
• ¿Estoy forzando un proceso que pide maduración?
• ¿Qué quiere morir para que algo más auténtico pueda nacer?
Cuando caminas al ritmo de Shiva, comprendes que no estás retrasado ni adelantado: estás exactamente donde tu conciencia necesita estar. El tiempo deja de ser enemigo y se convierte en una danza íntima entre tu alma y lo eterno.
Y entonces algo profundo se revela:
no eres arrastrado por el tiempo…
YLJ❤️🔱
Om Namaha Shivaya.
estás danzando con él.
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