10/05/2026
Durante décadas, las marcas vendieron licuadoras, detergentes y cocinas usando la misma idea. Una buena madre debía entregarlo todo, incluso su tiempo, su cuerpo y su vida cotidiana.
Por Redacción Nota Antropológica
Hay escenas que casi todas las personas recuerdan aunque nunca las hayan vivido exactamente igual. Una mujer cocinando mientras sonríe. Una madre limpiando la casa mientras sus hijos corren alrededor. Una esposa emocionada porque le regalaron una lavadora el Día de las Madres. Parece normal, incluso familiar. Pero, ¿qué pasa cuando uno se detiene a mirar esas imágenes con atención?
Durante décadas, la publicidad convirtió a la maternidad en una herramienta de venta. No solamente vendía productos; también enseñaba cómo debía ser una madre. Amorosa, paciente, disponible, agradecida y siempre lista para cuidar a los demás.
Hay un mecanismo que la publicidad perfeccionó con los años: la asociación emocional. Madre es igual a amor incondicional. Producto es igual a expresión de ese amor. Por lo tanto, comprar se convierte en un acto casi moral. Un comercial de electrodomésticos Oster dice: "Sus manos te enseñaron las caricias, sus ojos te enseñaron el amor". La licuadora ya no es una licuadora. Es gratitud. Es infancia. Es todo lo que no supiste decir con palabras.
El mensaje es sencillo, pero sus efectos han sido amplios. Si mamá ama a su familia, entonces cocinar, limpiar y cuidar debía hacerla feliz. Bajo esa lógica, regalarle una licuadora o una cocina no era entregarle más trabajo; era agradecerle su amor.
La publicidad entendió muy pronto que pocas figuras generan tanta conexión emocional como la madre. Por eso comenzó a usarla para vender de todo. Electrodomésticos, alimentos, seguros, medicamentos, productos de limpieza e incluso servicios financieros. La maternidad funciona como un lenguaje emocional capaz de producir confianza inmediata.
Pero también está la otra parte, las campañas no mostraban cualquier tipo de madre. La mayoría de anuncios construyeron un modelo específico. Mujer heterosexual, dedicada al hogar, responsable emocional de toda la familia y disponible casi todo el tiempo. En cambio los hombres, aparecían como personas fuera de casa, trabajando o tomando decisiones ¿Te suena familiar?
Lo interesante es que la publicidad no operaba únicamente como entretenimiento. También funcionaba como una forma de educación cotidiana. Enseñaba qué debía hacer una mujer, cómo debía comportarse y qué significaba “ser buena madre”.
Ese mecanismo tiene nombre en los estudios de comunicación. Se llama construcción de imaginarios sociales. Traducido a lenguaje cotidiano, significa que personas terminan normalizando ciertas ideas porque las ven repetirse constantemente en televisión, revistas, anuncios y hoy en día redes sociales.
Por eso muchas campañas del Día de las Madres terminaban enviando el mismo mensaje aunque cambiaran las marcas. Mamá merecía un regalo… que le ayudara a seguir trabajando dentro de casa.
La situación también tiene contradicciones complejas porque mientras la publicidad exalta a la madre como símbolo de amor absoluto, muchas mujeres enfrentan jornadas dobles de trabajo, dependencia económica y poca distribución de tareas domésticas. La madre es celebrada públicamente, aunque gran parte de ese reconocimiento depende de cuánto se sacrifican por otras personas.
Con el paso del tiempo las campañas de publicidad han comenzado a cambiar parcialmente. La entrada masiva de mujeres al trabajo remunerado, las discusiones feministas y las críticas a la publicidad sexista han obligado a modificar algunos discursos. Entonces, tal vez te hayas dado cuenta, últimamente se ve la figura de la “supermamá”. Esa mujer que trabaja, cuida hijos, mantiene la casa, se ve bien físicamente y además administra emocionalmente a toda la familia.
La narrativa cambió de forma, aunque muchas veces mantuvo la misma carga. La madre seguía siendo responsable de casi todo; solamente que ahora debía hacerlo también fuera del hogar.
Actualmente las redes sociales ampliaron todavía más estas dinámicas. Muchas marcas usan discursos de empoderamiento femenino mientras continúan asociando el consumo con la idea de maternidad perfecta. Algunas campañas intentan representar familias más diversas; otras simplemente adaptan viejos estereotipos a formatos nuevos.
Quizá por eso muchas personas sienten cierta desconexión con el presente cuando vuelven a mirar ciertos comerciales antiguos, ya que muestran algo que durante años pasó desapercibido. La publicidad aparte de vender productos vendía expectativas sobre cómo debía amar una madre.
¿Alguna vez habías pensado que muchos regalos del Día de las Madres realmente son herramientas para seguir trabajando dentro de la casa?
Si llegaste hasta este punto de la nota, cuéntame. ¿Recuerdas alguna frase icónica de la publicidad de tu país con la que alguna marca relacionara el amor, la emoción o el sacrificio con la figura materna? Te leo en los comentarios.
Fuente
Valladares Mendoza, B. (2005). La maternidad y los medios masivos de comunicación. Diálogos Revista Electrónica de Historia.
González-Loyola, P., Coellar-Merchán, M. y Pauta-Coronel, M. (2025). Evolución de la imagen de la madre en la publicidad. Revista Academia & Negocios.
Mendoza Cuéllar, H. (2012). Entre el poder y el deber: la publicidad y su rol en la formación de estereotipos de género. Correspondencias & Análisis.