Mi Psicóloga dice

Mi Psicóloga dice El contenido es informativo o didáctico y no sustituye la consulta formal con una profesional.

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21/05/2026

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Hoy celebramos a quienes convierten la escucha en refugio, las palabras en alivio y la empatía en una herramienta de tra...
20/05/2026

Hoy celebramos a quienes convierten la escucha en refugio, las palabras en alivio y la empatía en una herramienta de transformación.

Ser psicóloga o psicólogo no es solo una profesión; es acompañar procesos, sostener emociones y ayudar a las personas a reencontrarse consigo mismas aun en medio de sus batallas más difíciles.

Gracias a cada profesional de la psicología que trabaja con ética, sensibilidad y humanidad para construir una sociedad más consciente y emocionalmente saludable.

✨ Porque sanar también comienza cuando alguien se siente verdaderamente escuchado.

13/05/2026

Hay personas que no llegan a nuestra vida para acompañarnos, sino para competir disfrazadas de cercanía.
Se sientan a tu mesa, ríen contigo, conocen tus heridas… y justo ahí es donde aprenden dónde golpear “jugando”.
Las bromas pesadas casi nunca son inocentes cuando siempre van dirigidas a humillar, exhibir o hacerte sentir menos.
Porque quien te aprecia cuida tu dignidad incluso cuando bromea.
El verdadero amigo no necesita ridiculizarte para sentirse importante ni usar el sarcasmo como arma disfrazada de humor.
A veces, los enemigos más difíciles de reconocer no son los que te enfrentan de frente, sino los que te abrazan mientras minimizan tus logros, se burlan de tus sueños o hacen comentarios que después justifican con un simple:
“ay, era broma”.
Y no, no todo debe tolerarse por “llevar la fiesta en paz”.
La madurez también consiste en aprender a distinguir entre quien te hace reír… y quien se ríe de ti.
La lealtad se nota en cómo alguien te trata cuando tiene la oportunidad de lastimarte y decide no hacerlo.






Crecer viendo pelear a tus padres, y a los 12 años tu cerebro se ve como el de un soldado que regresa de la guerra. Los ...
10/05/2026

Crecer viendo pelear a tus padres, y a los 12 años tu cerebro se ve como el de un soldado que regresa de la guerra. Los mismos circuitos de alarma siguen disparándose cada vez que alguien se enoja cerca de ti. Ninguno de estos niños fue diagnosticado con nada. Sus cerebros ya habían cambiado.

Científicos de University College London escanearon a 43 niños en 2011. Veinte habían documentado violencia familiar en casa. Cuando los investigadores les mostraron fotos de rostros enojados, las partes de sus cerebros dedicadas a detectar peligro se activaron exactamente como lo hacen en soldados de combate. Los cerebros de los niños habían aprendido en silencio, antes de que pudieran ponerlo en palabras, que el enojo significa peligro y que el peligro puede venir de cualquier parte de la habitación.

Ese estudio era sobre violencia. Pero el laboratorio de Martin Teicher en el McLean Hospital de Harvard ha pasado décadas mostrando que solo los gritos causan un daño similar. El abuso verbal de los padres cambia físicamente las partes del cerebro que manejan el lenguaje y el sonido. El impacto a largo plazo en la salud mental adulta es aproximadamente el mismo que recibir golpes, o ver que uno de tus padres reciba golpes.

Y esto es común. En 2024, UNICEF estimó que 400 millones de niños menores de 5 años, unos 6 de cada 10 a nivel global, enfrentan regularmente disciplina violenta en casa: gritos, golpes o ambos. En un estudio portugués de más de 5.000 niños de diez años, el 57,7% reportó que un miembro del hogar gritaba o vociferaba regularmente contra ellos. Fue la cosa mala más común en sus vidas.

El equipo de Teicher también encontró que el centro de memoria y estrés del cerebro se encoge físicamente en alrededor del 6% en adultos jóvenes que fueron maltratados de niños. Veteranos de combate de Vietnam con TEPT crónico muestran una caída aproximadamente igual, del 8%, en la misma área.

El daño no se queda en el laboratorio. La encuesta más reciente de la CDC sobre jóvenes vinculó el 89% de los intentos de suicidio adolescentes y el 85% de los pensamientos suicidas adolescentes a malas experiencias antes de los 18 años.

Pero el mismo cerebro que absorbe el miedo puede absorber la seguridad. Huérfanos rumanos mudados a hogares de acogida estables recuperaron terreno real. A lo largo de décadas, la investigación de Teicher ha mostrado que la crianza cálida y predecible construye físicamente la parte del cerebro que ayuda a un niño a mantenerse calmado, y apacigua el sistema de alarma con el tiempo.

Un niño recuerda las peleas. También recuerda quién volvió después para arreglar las cosas. Ambas dejan una marca.

Hablando del cierre escolar a 5 de junio y por ende los casi tres meses de vacaciones propuestos por la SEP (por la ola ...
10/05/2026

Hablando del cierre escolar a 5 de junio y por ende los casi tres meses de vacaciones propuestos por la SEP (por la ola de calor y otras circunstancias - el mundial - ):

La discusión de fondo probablemente no debería ser “los niños no deben tener vacaciones largas”, sino “qué apoyo real existe para las familias durante ellas”.

Creo que ahí está justamente el punto más delicado del debate: muchas veces el “apoyo real” para las familias termina siendo insuficiente, desigual o improvisado.

En México sí existen algunos apoyos, pero suelen tener varios problemas:
▫️ no alcanzan para todos,
▫️ dependen del municipio o del estado,
▫️ son temporales,
▫️ o están pensados más como alivio económico que como una verdadera política de conciliación familiar.

Por ejemplo, algunos gobiernos municipales implementan escuelas de verano, ludotecas o programas de conciliación durante vacaciones para ayudar a madres y padres que trabajan.

Pero el problema de fondo sigue ahí: no se resuelve quién cuida al niño de 8 a 3 mientras los adultos trabajan.
Y tampoco todas las familias tienen:
▫️ abuelos disponibles,
▫️ trabajo remoto,
▫️ horarios flexibles,
▫️ capacidad de pagar cursos de verano,
▫️ o redes de apoyo comunitarias.

De hecho, algo interesante en las reacciones de muchos padres es que no hablan desde “no quiero a mis hijos”, sino desde la logística y el agotamiento. En foros y discusiones recientes mucha gente repite algo parecido a: “¿Qué hacemos con los niños mientras trabajamos? ¿Quien los cuida?"

Ahí se ve una tensión social fuerte: la escuela se ha convertido también en estructura, rutina, alimentación, supervisión y contención emocional.

Y cuando se modifica el calendario escolar sin que existan medidas paralelas —como estancias accesibles, programas públicos masivos, permisos laborales reales o actividades comunitarias seguras— el peso cae completamente sobre las familias.

También creo que hay algo importante que pocas veces se dice: antes, muchas tareas de cuidado se absorbían “invisiblemente” dentro de las familias, casi siempre por mujeres que no trabajaban fuera de casa o por redes familiares más cercanas. Hoy muchas madres trabajan, las familias viven más aisladas y el costo de vida obliga a dobles ingresos. Entonces cualquier cambio escolar impacta mucho más.

Tal vez la conversación más útil no sea:
“los niños deben tener menos vacaciones” ni tampoco
“los padres no quieren convivir”.
Sino:
¿por qué la conciliación familiar sigue dependiendo de soluciones individuales?
¿por qué el cuidado infantil sigue descansando casi por completo en las familias?
¿qué políticas públicas reales existen para sostener a la infancia fuera de la escuela?

Porque mientras no haya una red social sólida alrededor de las familias, cada cambio escolar se convierte en una crisis doméstica para muchísimas personas.

Psic. Berenice Martínez Cartagena

09/05/2026

3 meses de vacaciones 👌🏻excelente👌🏻.
SI:

✔️ Si los papás no tuvieran que trabajar para mantener la economía familiar y pudieran libremente dedicarse a cuidar a sus hijos durante la mañana y tarde.
✔️ Si viviéramos en una época donde los niños jugaran en la calle, con amigos, experimentando la naturaleza, trepando árboles, en un entorno seguro y libre de violencia.
✔️ Si cuando terminen de jugar entran a un entorno familiar donde, ya agotados de correr, conectan con un libro, una buena película, un papá o una mamá presentes y libres del home office.
✔️ Si no tuvieran el riesgo de quedarse solos en casa con un mundo abierto a la tecnología, donde el riesgo de ver pornografía, hacer/recibir bullying cibernético, ver contenido inapropiado no fuera un riesgo altísimo, aumentando la desatención, ansiedad y depresión infantil.
✔️ Si fuéramos un país con altos niveles académicos sin atraso cultural y de conocimientos.
✔️ Si no existiera desintegración familiar, separaciones, divorcios y ausencias, donde los niños tendrán que lidiar durante 3 meses con las discusiones de quien los cuida, papá trabaja, mamá también, que se vayan con los abuelos, con las niñeras, mejor que les prestan el teléfono y listo...o llevémoslos al trabajo y que se comporten. Es lo que hay. Nimodo. Al trabajo con papás (los que puedan). ¿ Y los que no ? ¿Quién los cuidará?

⚫️ No son ganas de no cuidar a los hijos y pasar tiempo con ellos, es que el sistema familiar, social y económico de las familias mexicanas no está preparado para solventar cambios gubernamentales que de un mes a otro afectan directamente al mundo emocional , conductual y familiar de los niños de educación básica.

Dra. Carla Aragón.
Terapeuta, Pedagoga, Maestra en Educación Familiar.
Doctorado en Salud Mental.

02/05/2026

Lo que de verdad importa...

Esta mañana, el hombre con el que he compartido mi cama por veinte años me pidió que me fuera de su casa.Me miró derechi...
01/05/2026

Esta mañana, el hombre con el que he compartido mi cama por veinte años me pidió que me fuera de su casa.

Me miró derechito a los ojos, apretando la almohada contra su pecho como si fuera un escudo, y me dijo:
— Señora, se tiene que ir. Estoy esperando a mi esposa, Elena. Está por llegar del mandado.

Mi nombre es Leticia. Yo soy su esposa. ¿Y Elena? Elena fue su novia de la preparatoria.

Me fui a la cocina y escondí mis manos temblorinas bajo el chorro del agua. Sonó el teléfono. Otra vez el seguro.
— Señora Leticia —dijo una voz demasiado animada—. Su solicitud para el apoyo de enfermería en casa fue rechazada. Como su esposo todavía se mueve por su cuenta, no entra en el programa. Le sugerimos una opción privada.

Me daban ganas de gritar. De estrellar el teléfono. De decirles: "¿Saben cuánto cuesta eso? Me está costando la cordura".
Pero solo alcancé a decir:
— Está bien. Gracias.
Porque así le hacemos nosotras: nos aguantamos y somos educadas, aunque por dentro todo se nos esté haciendo pedazos.

Conocí a Andrés en el otoño del 2000. Yo era la encargada en una fondita. Él llegó con una chamarra toda gastada, buscando chamba. Era el hombre más fuerte que yo conocía.
Pero a la vida no le importa cuánto aguantas cargando en el gimnasio.

Hace cinco años soltaron la palabra: demencia vascular.
Lenta. Cruel.
Primero se le olvidó dónde estacionó la troca.
Luego, dónde dejó el control de la tele.
Y después, se empezó a olvidar de quién era él mismo.

En el internet todos hablan del "autocuidado": que si baños de espuma, que si velitas aromáticas. Pero ninguna vela cura la demencia.

El amor de verdad no es un cuento de hadas.
Amor es cuando a las tres de la mañana estás limpiando el baño porque el hombre que antes cargaba cien kilos no pudo encontrar el inodoro.
Es cuando escondes las llaves porque quiere "irse a la chamba" que perdió hace quince años.
Es cuando le lloras a alguien que todavía está vivo.

La semana pasada vino mi hijo, Santiago.
Trató de platicar con su papá de futbol.
Andrés lo miró con los ojos vacíos y le preguntó:
— ¿Tú eres el muchacho que viene a arreglar el internet?
Vi cómo a Santiago se le quebró algo por dentro.
Se tragó las lágrimas y le sonrió:
— Sí, pa. Vengo a checar la señal.

Esa noche me salí al patio y me dio un coraje negro.
Con el sistema. Con el mundo. Con el hombre que antes me protegía y ahora es como un niño que necesita protección.
Por un segundo pensé: "Agarro mis cosas y me arranco en el carro hasta que se me acabe la gasolina".
Pero no me fui.
Me metí, chequé los cerrojos y lo tapé con la cobija.

Ayer fue nuestro aniversario número veintidós. No dije nada.
Él tuvo un "día pesado": se la pasó caminando por el pasillo hablando solo, quejándose de que alguien le robaba su herramienta.

Estaba lavando los trastes cuando sentí su mano en mi hombro.
— ¿Leticia?
Era él. Andrés.
Tenía los ojos claros, por un segundo la niebla se había ido.
Con sus manos temblorosas me dio un sobrecito todo arrugado.

— Lo escondí —susurró—. En la caja de herramientas. Mientras todavía me acordaba. Para hoy.
Me lo puso en la palma de mi mano mojada.
— Ya sé que ya no soy el mismo... Sé que te la estás viendo negras. Perdóname.

Me dio un abrazo de esos de verdad. De los que te sostienen cuando te estás derrumbando. Y luego, la luz en sus ojos se apagó, como si nunca hubiera estado ahí. Se fue a la ventana a ver el patio.

En el sobre había un dije de plata sencillo y una nota con su letra de antes:"Por cada día que te quedaste, aunque te querías ir".

No solo lloré, me rompí.
Me senté en el piso y le lloré al hombre que él era, y a la mujer en la que me tuve que convertir.

Al mundo le gusta el principio del amor: las propuestas, las fotos de la boda, los momentos bonitos.
Pero eso es solo el prólogo.

Esto es lo que es el amor.
El amor de verdad es un maratón en las trincheras.
Amar no es encontrar con quién envejecer.
Amar es encontrar a quien vas a cuidar cuando la "vejez" se convierta en una carga pesada.

El amor no se mide por las mariposas en la panza en la primera cita.
Se mide por las manos que, aunque estén cansadas y tiemblen, no te sueltan.

Hoy en la noche, abracen a los que aman.
Y si tú estás cuidando a alguien en silencio...
Te veo. Sé lo que estás pasando. Estás haciendo la chamba más sagrada de este mundo.

01/05/2026
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