15/01/2018
Un pie mas chico que otro.
Cuando regresé de México después de descubrir que podía curar a las personas mediante el Reiki, me encontraba en la sala de la casa de una prima contándole mi experiencia.
Mi prima manejaba una terapia también de energía, pero ella usando cuarzos. A la conversación se unió una vecina que escuchaba como me habían aplicado Reiki en la riñones y yo mismo había colaborado a curarme sin saber que estaba enfermo.
- ¿Podrá curara a mi nuera? Preguntó
- Pues si Dios nos lo permite…
- Es que a mi nuera se le está haciendo más chico un pie!!!
- ¿? – Me quede sorprendido. ¿Cómo era que se le estaba haciendo un pie más chico que el otro? Ante mi cara de sorpresa la vecina nos contó del padecimiento de su nuera a la que le habían hecho estudios, radiologías, tomografías. La habían llevado ante brujos, yerberos, herbolarios, además de especialistas en el aparato locomotor y nada.
Al poco rato fuimos a la casa de la vecina y encontramos a la nuera postrada en cama. Era una joven mujer con un pequeño hijo. En la consulta estaba su esposo y la suegra.
Era mi primer caso y deje que mi intuición me guiara. Coloque mis manos y empecé a aplicar el Reiki en diferentes partes de su cuerpo.
Había notado que al acostarse boca abajo el tobillo izquierdo no podía flexionarlo. Este quedaba en ángulo recto sin poder doblarlo, como normalmente lo hacemos cuando nos acostamos boca bajo.
Terminamos la sesión y así fue el segundo día que fui a visitarlos. Al tercer día, estando ella boca abajo coloque mis manos en su tobillo y claramente sentí como el pie empezó a bajar a su lugar. El primer sorprendido fui yo. Suponía que el peso de mis manos había obligado al pie a bajar a su lugar. Así que al siguiente día decidí que al llegar a ese lugar pondría las manos a cierta distancia del pie, sin tocarlo. Sorpresa, el pie casi llega a su posición normal, ante la vista de su suegra y su marido.
Junto con la terapia de Reiki había decidido explorar sus emociones, así que le pregunte discretamente qué había sucedido dos años antes de que se presentaran las dolencias en su pie. Textual contestó.
- Tuve un traspié hace dos años –
Para algunas personas tropezarse o tener un traspié es embarazarse sin desearlo, o incluso abortar como había sido el caso de esta paciente, así que simultáneamente empecé a trabajar con ella la culpa y el autocastigo, hasta que acepto lo que había sucedido sin juicio ni culpa y que podía continuar su vida con el nuevo hijo y matrimonio que ahora tenía.
En la octava sesión me la encontré en el patio caminando en huaraches
- ¿Como esta? – Pregunte
- Espantada… Con este frio (en septiembre) Yo debería de estar en cama con muchos dolores. Y no me duele nada.
Diez sesiones y terminamos, la paciente ya no reportaba dolor alguno y podía caminar sin problemas, los pies se veían y estaban del mismo tamaño. Paciente curado.