23/11/2025
La propiocepción de la mano es una capacidad fundamental para casi todas las actividades de la vida diaria. Se refiere a la habilidad del sistema nervioso para percibir la posición, el movimiento y la fuerza que realizan los dedos, la muñeca y toda la mano sin necesidad de mirarla.
Gracias a la propiocepción podemos ajustar la presión al tomar un vaso sin romperlo, escribir sin mirar el bolígrafo, abrocharnos la ropa o manipular objetos pequeños con precisión. Cuando esta capacidad se altera —por lesiones, cirugías, inmovilización prolongada o enfermedades neurológicas— aparecen dificultades en tareas tan simples como sostener un utensilio o coordinar el movimiento fino.
En rehabilitación de la mano, trabajar la propiocepción es clave para:
• Mejorar el control motor fino, necesario para tareas complejas.
• Reeducar la fuerza y la coordinación, evitando compensaciones.
• Aumentar la seguridad al manipular objetos, reduciendo el riesgo de soltar o dejar caer cosas.
• Favorecer la reintegración sensorial, ayudando al cerebro a reconstruir mapas precisos de la mano.
Por ello, los ejercicios propioceptivos —como texturas, vibración, seguimiento de objetos sin visión, manipulación guiada o tareas funcionales controladas— son una parte esencial del proceso de rehabilitación. Una mano que “se siente” bien a sí misma es una mano que recupera confianza, precisión y funcionalidad.