27/03/2026
Cuidar también es dejarse cuidar: Hay una escena que se repite en muchos hogares: una mujer que organiza, acompaña, sostiene, escucha, resuelve, anticipa… y casi nunca aparece en la lista de personas que necesitan cuidado.
El 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, no es sólo una fecha conmemorativa. Es también una invitación a mirar con honestidad las estructuras que hemos naturalizado. Entre ellas, la distribución desigual de los cuidados.
Históricamente, el cuidado ha sido atribuido a la mujer: cuidar hijos, padres, enfermos, relaciones, emociones, rituales familiares, incluso la memoria de los vínculos. Cuidar el cuerpo de otros y muchas veces el equilibrio emocional de todos.
La economista feminista Amaia Pérez Orozco habla de la “sostenibilidad de la vida”: alguien tiene que sostenerla. Y ese alguien, durante siglos, ha tenido rostro de mujer.
En el ámbito de la tanatología lo vemos con claridad: cuando hay enfermedad, cuando hay duelo, cuando hay crisis, frecuentemente es una mujer quien asume el rol de cuidadora principal. Y en ese acto profundamente humano —y valioso—, muchas veces se posterga a sí misma:
Se descansa después.
Se atiende después.
Se siente después.
Se llora después.
Pero el cuerpo no siempre espera.
La mente no siempre resiste.
El corazón no siempre calla.
Cuidar no debería significar desaparecer.
Desde una perspectiva integral, el cuidado no es sacrificio infinito. Es relación. Es reciprocidad. Es comunidad. Es reconocer que la vulnerabilidad no es un defecto, sino una condición humana compartida.
Como escribió Simone de Beauvoir, “no se nace mujer: se llega a serlo”. Y parte de ese “llegar a ser” ha estado atravesado por expectativas de entrega total que necesitamos revisar.
El cuidado no es una esencia femenina. Es una responsabilidad humana.
Nos corresponde a todos: a hombres y mujeres, a jóvenes y personas mayores, a quienes tienen más fuerza y a quienes tienen otras capacidades.
Cada quien desde sus posibilidades puede cuidar y dejarse cuidar.
Porque quien cuida también necesita ser sostenido.
Quien acompaña también necesita descanso.
Quien escucha también necesita ser escuchado.
En tanatología sabemos que el desgaste del cuidador es real. El duelo del cuidador es real. El agotamiento emocional es real. Y también sabemos que el autocuidado no es egoísmo: es una condición para poder seguir acompañando con dignidad.
Este 8 de marzo puede ser un momento para preguntarnos:
• ¿Quién cuida en mi entorno?
• ¿Cómo puedo compartir esa responsabilidad?
• ¿Cuándo fue la última vez que pregunté a quien cuida cómo está realmente?
Y si eres mujer y has sostenido mucho tiempo a otros, quizá hoy la pregunta sea distinta:
¿Te permites ser cuidada? Cuidar es un acto de amor. Dejarse cuidar también lo es.
Si este tema resuena contigo, te invitamos a integrarte a nuestros cursos y diplomados, donde profundizamos en el acompañamiento del duelo, la ética del cuidado, el autocuidado y la construcción de una vida más consciente y significativa.
Reflexionar sobre los cuidados es más que un ejercicio intelectual. Es una manera de transformar nuestras relaciones y nuestra manera de habitar el mundo.
Formarnos, dialogar y comprender mejor estos procesos nos permite vivir con mayor equilibrio, plenitud y satisfacción. Porque una vida plena no se construye desde el agotamiento, sino desde el cuidado compartido.
Karla Portela Ramírez
3 de marzo, 2026