18/03/2026
Ayer en sesión hablamos de nuestras heridas…
de esas partes que no siempre mostramos, pero que muchas veces dirigen la forma en que amamos.
Pudimos ver cómo, sin darnos cuenta, esas heridas se vuelven una brújula: nos llevan a elegir, a reaccionar, a vincularnos…
y a veces también a poner en la otra persona la responsabilidad de “curar” lo que nos duele.
Como si amar fuera que alguien más viniera a reparar lo que no hemos podido sostener.
Y ahí algo se movió.
Porque una de las conclusiones más valiosas fue recordar que:
✨ aunque estemos rotos, no estamos descompuestos.
✨ y aunque estemos heridos, seguimos siendo responsables de nuestro propio cuidado.
Amar no es encontrar a alguien que nos cure,
sino aprender a no abandonarnos mientras nos vinculamos.
A darnos ese apapacho que tanto esperamos afuera.
A sostenernos, incluso cuando duele.
Porque sí, nuestras heridas hablan…
pero también podemos aprender a escucharlas sin que dirijan toda nuestra historia.
Y desde ahí, tal vez, empezar a amar distinto. 🌿💚