28/01/2026
Mi doula me decía que el embarazo es un rito de paso.
Que algo tiene que morir para que algo nuevo nazca.
Y así fue como yo viví mi parto.
Algo de mí se murió.
Y aunque el acto de parir fue duro —hubo momentos en los que sentía que ya no podía más, que me estaba desmayando— la recompensa es maravillosa.
Porque lo que nació fue algo mucho más potente, mucho más fuerte.
Nunca pensé que iba a sentir un amor así.
Hace poco una amiga me preguntó cómo me sentía, cómo estaba…
y le decía que toda mi vida la he dedicado a Dios, a conocer Su naturaleza y a experimentarlo en mi vida, a través de mí.
Y hoy siento que el amor que tengo por mi hijo es lo más cercano al cielo.
A ese estado de conciencia que se llama plenitud.
Amor.
Durante muchos años pensé que no quería tener hijos.
Que no era para mí.
Que quería dedicarme a vivir mi vida de otra manera.
Y hoy agradezco profundamente haber estado equivocada.
Gracias a Dios por este bebé.
Algo en mí murió, pero no me importa lo que quedó atrás,
porque lo que tengo hoy es mucho mejor de lo que alguna vez pude imaginar.
Hoy me siento en plenitud.
En paz.
Completa.
Y me siento profundamente agradecida 🥹💗
A mi esposo,
por empujarme hasta las últimas cuando yo sentía que ya no podía más,
por sostenerme cuando me estaba desvaneciendo,
por no dejar de decirme lo fuerte y valiente que soy.
Eternamente agradecida con mi dula
por traer tanto amor y contención durante mis nueve meses de gestación,
y especialmente en mi parto y postparto 🙏🏻💛
Gracias a mi ginecóloga, la mejor del mundo,
y a todo el staff de la Clínica Americana,
que se portaron de maravilla conmigo 💙
Sentirme tan acompañada hizo de esta experiencia algo verdaderamente hermosa.
🤍