28/02/2026
Te voy a hablar de algo que asusta muchísimo… pero que casi siempre es benigno.
El espasmo del sollozo.
He visto papás llegar a urgencias convencidos de que su hijo convulsionó, que dejó de respirar, que “se estaba muriendo”. Y cuando escuchas la historia completa, muchas veces lo que ocurrió fue un espasmo del sollozo.
Vamos por partes.
¿Qué es?
El espasmo del sollozo es un evento paroxístico no epiléptico que ocurre típicamente entre los 6 meses y los 4–5 años de edad. No es una convulsión. No es epilepsia. No es que el niño “lo haga a propósito”.
Es una respuesta involuntaria del sistema nervioso autónomo ante una emoción intensa.
Sí, una emoción.
¿Cómo ocurre?
Generalmente sigue esta secuencia:
1.El niño se frustra, se enoja, se asusta o siente dolor.
2.Llora intensamente.
3.Durante la espiración se queda “sin aire”.
4.Cambia de color (puede ponerse morado o pálido).
5.Puede perder el tono muscular e incluso perder la conciencia unos segundos.
6. Se recupera espontáneamente.
Y aquí viene lo importante: se recupera solo.
Tipos de espasmo del sollozo
Existen dos formas principales:
1.Cianótico (el más frecuente)
Se desencadena por enojo o frustración. El niño llora, deja de exhalar, se pone morado (cianosis) y puede desmayarse brevemente.
2.Pálido
Más asociado a susto o dolor súbito (por ejemplo, un golpe). Aquí el mecanismo es diferente: hay una respuesta vagal exagerada que provoca una breve disminución del ritmo cardíaco. El niño se pone pálido y puede perder el conocimiento unos segundos.
En ambos casos el evento dura menos de un minuto en la gran mayoría de los casos.
¿Por qué pasa?
No es manipulación.
No es berrinche.
No es que el niño “aprendió que así consigue lo que quiere”.
Es una inmadurez en la regulación autonómica. El sistema nervioso aún está aprendiendo a manejar emociones intensas. Algunos niños tienen un umbral más bajo.
Dato interesante a nivel técnico: existe asociación con deficiencia de hierro, incluso sin anemia franca. Por eso en niños con episodios frecuentes sí vale la pena evaluar ferritina y estado de hierro.
¿Puede parecer convulsión?
Sí.
En algunos casos, después de perder la conciencia, puede haber movimientos tónicos o clónicos breves. Esto asusta muchísimo. Pero no es epilepsia. Son movimientos anóxicos secundarios a la breve disminución de oxigenación cerebral.
La clave está en la historia clínica:
Siempre hay un desencadenante.
Siempre empieza con llanto.
Siempre es breve.
Siempre se recupera solo.
No hay periodo postictal prolongado.
Eso lo diferencia de una crisis epiléptica verdadera.
¿Qué hacer durante el episodio?
Mantener la calma.
Colocar al niño en posición segura (de lado, en el suelo).
No meter objetos en la boca.
No sacudir.
No gritar.
No soplar o echarle agua.
No cachetear.
El episodio se autolimita.
¿Qué NO hacer?
No reforzar la conducta por miedo.
No ceder automáticamente a todo para evitar que “le vuelva a dar”.
No etiquetarlo como convulsivo sin una buena valoración clínica.
¿Se quita?
Sí.
La gran mayoría desaparece espontáneamente antes de los 5 años.
No deja daño neurológico.
No afecta el desarrollo.
No se convierte en epilepsia.
Cuándo sí estudiar más
Si ocurre sin llanto previo.
Si dura más de un minuto.
Si hay recuperación lenta.
Si ocurre durante el sueño.
Si hay antecedentes familiares de arritmias o muerte súbita.
Si hay duda diagnóstica.
En esos casos se individualiza: electrocardiograma, valoración neurológica, según el contexto.
Ahora te hablo como papá y como pediatra.
Lo más difícil del espasmo del sollozo no es el niño.
Son los papás.
Ver a tu hijo ponerse morado e “irse” unos segundos activa todos tus instintos de alarma. Es una experiencia muy fuerte.
Pero entender lo que está pasando cambia todo.
No es que se esté ahogando.
No es que su cerebro esté fallando.
Es un sistema nervioso inmaduro reaccionando de forma exagerada ante una emoción grande en un cuerpo pequeño.
Y eso, aunque impacta, casi siempre es benigno.