Centro de Psicología y Psicoterapia

Centro de Psicología y Psicoterapia Psicoterapia de Sistemas Humanos.Persona-Familia-Organización
Consultor de Procesos Humanos en Orga

07/09/2024
06/11/2021

Dos vidas

Javier Cárdenas Silva

“Cada quien vive dos vidas:

Una con los ojos abiertos

Y otra con los ojos cerrados”

Federico Fellini

Es una frase que escuché ayer por casualidad al ver un reportaje acerca de la creatividad de Federico Fellini y la Inteligencia Artificial. Esa frase me despertó una catarata de preguntas, consideraciones, ideas empolvadas por el tiempo (tan solicito del olvido).Una frase de ese genio convertido en cinematógrafo para catalizar su creatividad inherente.

Si a alguno de nosotros se nos ocurriera que tenemos dos vidas, o nos acusan de enfermos mentales con doble personalidad si las actuamos simultáneamente, o las consideramos en orden secuencial una después de otra, y salvamos nuestra normalidad.

Sin embargo Fellini insiste en proyectar en su pantalla privilegiada a un ser humano diferente al hombre cotidiano, inmerso en sus ocupaciones, limitado por el hoy y el espacio. Proyecta a la persona que vive de manera compleja con sus ojos abiertos y con sus ojos cerrados simultáneamente. Es una persona cuya identidad tiene que lidiar con dos vidas, la conexión con la realidad y con su vida subjetiva –a veces sumisa e inoperante y otras tan dictadora que ciega los ojos aunque estén abiertos-.

Parecería que la vida de los ojos abiertos es el vivir con la mejor normalidad, la más adaptada a los estímulos sociales, sensoriales, a las palabras y estadísticas y cantidades económicas, a los programas para enriquecer a un emprendedor o a una nación. Sin embargo la vida de los ojos cerrados ilumina, reprende, corrige y muchas veces descubre la solución invisible, el camino despreciado, la verdadera verdad de la realidad observada por un aspirante a ser robot cibernético para hacer más cómoda su vida de ojos abiertos.

Fellini con sus películas incomprensibles para la vida de los ojos abiertos, nos descubre la sabiduría que esconden los ojos cerrados. Esa frase hace eco a la dinámica revolucionaria de Sigmund Freud que abrió los ojos de la ciencia y de la sociedad para que valorara la energía del ‘Inconsciente’ de cada persona en sus motivaciones y creaciones muchas veces incomprensibles a la luz de la “razón pura”, de las tradiciones y leyes tan lógicas como inhumanas.

Hace eco a la frase de Pascal: “Hay razones del corazón (la vida de los ojos cerrados) que la razón (la vida de los ojos abiertos) desconoce. Y también hace eco a la sublime frase del Crucificado: “perdónalos porque no saben (están ciegos y con los ojos cerrados) lo que hacen.

Sin la vida “de los ojos cerrados” donde radica el amor, la ilusión, lo significativo, lo esencial que es invisible, se sepulta la comprensión auténtica del ser humano, la posibilidad del diálogo y la solidaridad, la energía del perdonar y la creatividad para mejorar el vivir cotidiano y social.

05/10/2021

Rompiendo las cadenas
Por Javier Cárdenas Silva
“Ud. tiene la obligación de ejecutar esa cirugía, ese ab**to”.- le exige un jefe del departamento de ginecología a otro médico de la misma institución.
“No voy a ejecutar ese ab**to”.
“¿Por qué? –le responde su jefe-.
“Porque mi conciencia personal me lo prohíbe. Hice un juramento de cuidar, cultivar y salvar la vida, y eso que me pide, es un as*****to. Matar la vida de otro ser de cuya salud y existencia soy responsable”.
Este es un diálogo muy simple pero no es falso. Es una respuesta llamada “objeción de conciencia” que se pretende debatir a partir de la ley y de la autoridad institucional. Pretende encarcelar a la conciencia personal del médico en el orden legislativo, sin tomar en cuenta que todo el proceso legal está subordinado al proceso de la conciencia humana.
Este acontecimiento de poner en los reflectores la conciencia humana, tan reprimida y silenciada por el debate político, social, mediático, económico y hasta religioso, está gritando sus sentencias de lo verdadero y lo falso (las mentiras, las medias verdades y las realidades de progreso/deterioro), y sobre todo de lo bueno y de lo malo, hoy tan confundido que el robar y matar se ha hecho tan cotidiano como una película inocua y divertida de cowboys.
El supuesto debate legal del derecho a la “objeción de conciencia”, es una manifestación de una conciencia ética que ha sido tan diluida en la indiferencia social que no ha provocado ninguna reacción significativa en la sociedad, ni en la política, ni en el mundo empresarial, educativo o religiosa
¿Será que el juicio ético de ‘lo bueno y de lo malo’ no solo ha desaparecido de la conciencia, sino que la misma conciencia humana ha dejado de tener vigencia ante tantas atrocidades, crímenes, genocidios, hambrunas y muertes de inocentes?, ¿La conciencia social ha perdido su autoridad ontológica, existencial de tal manera que se ha convertido en un perro desmolado que no ladra ni muerde porque lo han condicionado a lamer las manos de los asesinos?
Hoy es “dos de octubre”. Conmemora la erupción de la “conciencia democrática” que provocó las manifestaciones y el movimiento, que a pesar de la represión criminal, logró denunciar el mal gobierno y encender la esperanza de una vida democrática.
Para mañana domingo se anuncian grandes manifestaciones para proclamar la importancia y la trascendencia de la vida y de la mujer. Son protestas ciudadanas que nacen de la conciencia humana que no quiere permanecer silenciada y sumisa. Son multitudinarias “objeciones de conciencias” que no quieren ser encarceladas por leyes y leguleyos que subordinan de manera perversa la conciencia de la dignidad y de la libertad personal de la ciudadanía a legislaciones injustificadas y vacías de argumentos veraces.
Es imposible encarcelar tanto a la conciencia como a la libertad. Rompen todas las cadenas.

Javier Cárdenas Silva
Centro de Psicologia y Psicoterapia

14/09/2021

El dilema transparente
Por Javier Cárdenas Silva
“¿Salvas la vida de la madre o la vida del niño?” es un dilema que aparece de cuando en cuando en hogares y hospitales, entre las parejas o entre el ginecólogo y su(s) clientes. Es también un debate abstracto, es decir descarnado de las circunstancias personales, existenciales, sociales y muchas veces morales. Un debate que ha sido reducido a un término: “ab**to” y a una ley, que como toda ley tiene un castigo o un premio inherente de donde depende su fuerza y su poder.
Hay dos cristales para ver y valorar el proceso del ab**to. Como un concepto meramente legal, una palabra codificada en la ley, que es definida por los legisladores de manera abstracta para que se pueda usar en todos los casos de todas las personas. Es letra impresa que define un orden tan abstracto como ‘vida humana’.
El otro cristal con que se observa, se juzga y se valora el proceso del ab**to es el existencial que incluye todos los ingredientes que componen ese proceso que no es solamente humano, ni exclusivo domino de la ley sino de la conciencia y responsabilidad de los personajes que son afectados en sus vidas: el niño, la madre y el padre.
Lo opuesto al ab**to es la concepción y desarrollo de la vida. Ambos suceden en muy poco tiempo, aunque ambos transforman a la mujer en madre, que no es solamente un oficio, sino algo que desde la concepción es inherente a su naturaleza humana y no solamente a los derechos que la ley le otorga bajo el régimen de propiedad. Una responsabilidad tan noble que es la fuente de la vida humana y que requiere el compromiso inapelable del esposo, de su comunidad familiar, educativa, social incluyendo la Suprema Corte de Justicia –cuya función no se reduce cómodamente a dirimir lo constitucional de lo inconstitucional, sino a cultivar un orden legal que cultive la vida y la existencia de los ciudadanos-.
La ‘despenalización del ab**to´ que ha decretado la SCdeJ, es una determinación tan justa como la ‘prohibición de la pena de muerte’. Son dos casos tan complejos que pueden condenar y castigar injustamente a inocentes madres que abortan ´sin saber lo que hacen’ (y a su hijo presuntamente culpable de vivir con ella y de ella), o a asesinos que posteriormente se comprueba que no fueron culpables.
La resolución de la SCdeJ, implica el peligro de desdibujar el concepto de crimen y pecado que tiene nuestra sociedad acerca del ab**to y hacer ‘popular’ el recurso del ab**to como una costumbre social “progresista” –que en psicopatología se llama “normalizar el daño mental”- . Además, afortunaddamente implícitamente enseña que ni el castigo es educativo, ni la cárcel regenera o cuando menos alivia el sentimiento de culpa.
Finalmente en este debate moral y existencial, que afecta la conciencia y los límites de la libertad humana, los que afirman que el ab**to es legal durante las doce semanas de la concepción, tienen la obligación de comprobar científica y filosóficamente que en esas 12 semanas ese ser vivo no tiene vida humana, ni es persona ni tiene derechos humanos… entonces ¿qué es?
Espero que nos digan ‘¿Qué es y no como lo llaman?’ para anunciarles a las madres que hasta las doce semanas podrán sonreír de felicidad…


Javier Cárdenas Silva
Centro de Psicologia y Psicoterapia

21/08/2021

El frenesí del lunes
Por Javier Cárdenas Silva
El lunes 30 se inicia el retorno. El ritmo del vivir cotidiano altera su velocidad desde temprano, desde antes del amanecer o quizás desde los días anteriores. Los hogares se llenan de prisas con uniformes, mochilas, cuadernos, cubre bocas, libros, desayunos apresurados,recomendaciones mil veces repetidas de “sana distancia”, expectativas infantiles de encuentros con maestros desconocidos y cómplices reconocidos.
En este frenesí familiar hay un ímpetu incansable, silencioso y marginado: la inquietud vital de la mente del escolar; que no es atendida y tomada en cuenta a pesar de los adelantos científicos y filosóficos del humanismo que está revolucionando la manera de ser humano en el siglo XXI.
Todavía hoy se utiliza como criterio de evaluación la inteligencia lógica-matemática, el famoso “I.Q.”(Coeficiente de inteligencia) definido hace un siglo, sin tomar en cuenta que este criterio reduce el potencial de la mente humana en la educación y en el trabajo. Los escolares que tienen otro tipo de inteligencia, van a ver la escuela y el proceso educativo con temor cuando se enfrenten a los retos matemáticos y cuando se les exija pensar únicamente con lógica racional, y se excluya la intuición, la imaginación, la poesía y la pasión multiforme como forma de conocimiento y manejo de la realidad en la que viven. Serán tachados como poco inteligentes y hasta serán marginados, cuando pueden ser sumamente inteligentes en la concepción de los espacios, en la creación artística, en las relaciones interpersonales o en la introspección que hace descubrir las verdades que se perciben con el corazón.
Estas inteligencias son ese ímpetu mental que ha sido subestimado por las instituciones educativas institucionales. Ese capital humano es un niño ignorado, percibido como limitado, cuando puede poseer la llama de la genialidad en cualquiera de las siete inteligencias adicionales, descubiertas desde hace 30 años en Harvard por Howard Gardner. Esa impetuosa energía mental vivirá sus próximos años escolares reprimida por los padres y educadores burocráticos o será una rebelde incontrolable e insoportable por la educación institucional, cuadrada, rígida, formal pero inhumana.
Esta ceguera educativa tiene varias causas, una de ellas quizás la más importante es la concepción moderna del hombre. La globalización comercial con su codicia irrefrenable ha encontrado que para competir y ganar el mercado hay que convertir todo en procesos y productos estandarizados, homogéneos… incluyendo al hombre y su educación. El hombre ha dejado de ser sujeto y autor de su historia. Hoy es un simple objeto utilizable para producir el poder de otros.
En nuestras escuelas nuestros niños y jóvenes son vistos como ‘objetos’ educables. Hay que fundirlos y forjarlos, en lugar de cultivarlos. Hay que producir el robot que requiere la industria de la ‘modernidad’ a base de golpes de cincel, de castigos y de una memorización que sustituya la creatividad y la imaginación.
Hemos olvidado el principio fundamental de que el hombre y el niño son sujetos y autores de su aprendizaje, de su historia. Lo que no aprendan a partir de su interior personal, de su pasión y talento individual, será un aprendizaje artificial que se convertirá en basura, deterioro humano y corrupción social.
Este ímpetu por ser sujeto y autor de sí mismo es el verdadero frenesí que agitará los hogares y las calles el lunes de “retorno a las aulas”, con un ingrediente adicional de miedo al contagio del maligno personaje que nos amenaza hasta en el aire que respiramos.
Sin embargo la esperanza ha sido más fuerte para enfrentarlo con ciencia y con Fe, la educación no es una información meramente cibernética, es la energía vital del espíritu evolutivo de todo ser humano que rompe las cadenas de los miedos.


Javier Cárdenas Silva
Centro de Psicologia y Psicoterapia

19/01/2020

Crimen y suicidio infantil
Por Javier Cárdenas Silva
Los homicidios,- asesinar a uno o a muchos-, se han convertido en un acontecimiento cotidiano. El número, ya no sorprende (a pesar de que son 30,000 cada año). Pueden ser el doble o la mitad, se han convertido en números despersonalizados. Son simplemente números sin ojos, oídos o corazones… sin padres o hijos o amigos…son números sin personas, simplemente cantidades.
El género femenino ha empezado a personalizar esos números. Han dejado de ser ‘homicidios’ y ahora tienen un nuevo nombre, un poco más personal, y se les llama ‘feminicidios’. El ab**to, gracias a las leyes que pretenden poseer el don de transformar la realidad cambiando el nombre, ya no se cuenta entre los homicidios, sino entre los derechos.
Sin embargo, la epidemia creciente de los suicidios, mantiene su nombre original “quitarse la vida”. Y gracias a que no ha cambiado su nombre, los medios de comunicación lo siguen contabilizando y el Estado promueve acciones para disminuir su frecuencia.
Todo este genocidio encubierto que produce más cadáveres en nuestra nación que cualquier guerra, ya es una simple estadística que no lleva al asombro, ni a la preocupación. La indiferencia y la actitud de sumisión fatalista nubla la vista, el pensamiento y la indignación de la mayoría. El odio, la rivalidad y la competencia sin límites ha cultivado una mentalidad que ‘ha normalizado’ el matar en cualquiera de sus formas. La violencia ya no tiene ni barreras ni opositores.
En este contexto que hemos vivido en las recientes décadas, sorprende que los as*****tos y el suicidio del niño de Torreón, hayan desatado una reacción no solo de sorpresa sino de debates, interpretaciones y acciones públicas tan inusitadas como ‘revisar todos los días las mochilas de los alumnos’…’hacer estudios psicológicos cada seis meses a todos los escolares del Estado’.
Celebro que este acontecimiento haya provocado tantas y tan diversas reacciones, sobre todo las que no se han quedado en el hecho sino que han provocado un cuestionamiento social y político acerca de los factores y las causas. Y han provocado que surja la cenicienta de la sociedad: la salud mental. La marginada que no ha sido tomada en cuenta, no solo en la enfermedad y en la salud, sino en la política y la economía, en la guerra y la paz tanto personal como familiar y social.
La salud y enfermedad mentales son unas realidades tan desconocidas como invisibles que solamente son identificadas cuando presentan síntomas tan radicales como el suicidio o el grave deterioro mental que alucina las relaciones, se sale de la realidad y vive en su mundo de fantasías.
La salud mental es trascendente. Trasciende lo físico, visible y sensorial. Busca su significado invisible. Trasciende lo inmediato y explora las consecuencias benéficas o malignas a largo plazo. Trasciende lo material sin excluirlo y busca la realidad de las verdades, las bondades y las bellezas escondidas. No se queda atrapada en la red que encarcela la libertad mental y la energía de su espíritu.
El suicidio del niño de Torreón, es un clamor de la mente humana que quiere vivir y trascender. Ojalá descubra la necesidad de políticas públicas que cultiven la salud mental de manera trascendente.

10/11/2019

No he aprendido a vivir

Por Javier Cárdenas Silva

Me sorprendieron sus preguntas… parecía que no venían al caso en una charla tan simple acerca de los últimos acontecimientos.

“No he aprendido a vivir…-me dijo de repente-… no sé cómo vivir…parece que vivir es algo tan sencillo como cuando camina el agua de un rio…simplemente sigue el curso ya marcado… simplemente desciende…pero no es así.”

“Un dia aterricé en este planeta,-prosiguió- , empecé a caminar, ir a la escuela, jugar y ver tele, graduarme, casarme y tener hijos…jornadas cotidianas entre subidas y bajadas, silencios apresurados, soledades inesperadas y compañeros del caminar que duraban, se alejaban o desaparecían.”

“¿Eso es vivir? -me preguntó súbitamente-. ¿De cuantas maneras se puede vivir?... ¿Hay que aprender a vivir? ¿En dónde se aprende?… ¿quiénes enseñan a vivir?… ¿cuándo es la graduación y donde se entrega el diploma?”

Fue una conversación muy breve. La catarata de las últimas preguntas, me pusieron a pensar. Intenté buscar respuestas para ¿Eso es vivir?”. Un cuestionamiento que dejó un eco interminable en mi cabeza. Las siguientes son mis intentos de aventurar unas respuestas, Ud. puede aventurar las de su propia experiencia.

Una parte de los seres humanos no despiertan por la mañana, más bien se enciende un programa en su cabeza que los hace saltar de la cama y ejecutar lo programado para ese día, para ese año o para esa porción incalculable de tiempo llamada vida. Ejecutan tareas y obligaciones y cada noche apagan su programación y se duermen. ¿Eso es vivir? Si excluyen las emociones, las creencias y reflexiones, las diferencias del corazón y sus intereses conscientes… y las mantienen en ‘modo automático’, es un vivir meramente fisiológico, rutinario, habitual que se da frecuentemente en el género humano.

Otros viven en una burbuja en la que ya todo está determinado. No hay lugar para las incontables diferencias personales, la libertad de opinión, gusto, conducta y atuendos son tan uniformes como en la escuela primaria. Vivir en esa burbuja significa renunciar a ser persona porque lo personal es una amenaza a las “buenas costumbres”. Afortunadamente estas burbujas están en proceso de extinción y han creado no sólo una ‘epidemia’ de anormales sino un caos, como el de las hormigas cuando se les borra la vereda.

Los que se han salido de la burbuja anuncian formas de vivir nuevas, diferentes, audaces y sujetas a errores y consecuencias trágicas o evolutivas, miserables o enriquecedoras. Van descubriendo qué es vivir en cada experiencia que sufren o gozan, en cada verdad que descubren con sorpresa, en cada amor o desamor, sueño o desilusión, servicio o aislamiento. Su persona va conectando sus experiencias como partes de un rompecabezas que nunca se revela totalmente llamado vivir humano. Un proceso consciente y propositivo, una búsqueda y un encuentro responsable de sí mismo, de los demás y del planeta con sus habitantes. Un proceso de vivir en el que siempre hay algo por descubrir.

Estas son algunas aventuradas respuestas que me atrevo a dar a mi interlocutor mexicano. Es nuestro vivir sin máscaras. Es un caos que nos abruma y que ahora nos exige vivir como personas, crear un orden de verdad, desde nuestra conciencia que se está liberando de burbujas anacrónicas y sistemas de pensamiento predeterminado que han sustituido las inumerables dimensiones de la desconocida realidad de nuestro vivir contradictorio. Creencias que asfixian el vivir del espíritu y su capacidad evolutiva.

Javier Cárdenas Silva
C.P.P. 81 1473 3565

04/06/2019

Salvar a los niños

Por Javier Cárdenas

Llama la atención que no llame demasiado la atención la noticia: “Empeora México en el índice de peligros para la niñez: ‘Save the children’”. Descendió del lugar internacional 93 al 96 de un total de 176 naciones”. (La Jornada 30/05/2019).

¿Por qué no llama la atención esta noticia a pesar de que se trata de un problema tan serio como el embarazo prematuro de 300,000 adolescentes mexicanas o de un incremento de homicidios infantiles que llega a 4 diarios en nuestro país? ¿Será porque todos los días recibimos noticias económicas y políticas negativas que generan una proyección o revelación de un deterioro creciente en el que hemos vivido sin darnos cuenta? ¿Porque estas cifras se denuncian tan frecuentemente que ya no nos importan? ¿O por una miopía que no distingue lo trascendente de lo transitorio?

Quiero resaltar que esta evaluación de la calidad de vida de nuestros niños la publica “Save the Children”. Una organización internacional que se fundó en Inglaterra hace un siglo (en1919) para defender a los niños y cuyo ‘Capítulo de México” nació en 1972. Desde entonces trabajan “para construir un mundo en el que cada niño, niña y adolescente pueda ejercer el derecho a la supervivencia, a la protección, al desarrollo pleno y a la participación”.

Los indicadores con que mide esta organización el control de los peligros son números comparables de ahí que las 300,000 adolescentes embarazadas y los 4 homicidios diarios que ocurren en nuestro país no son exageraciones mediáticas sino información desafortunadamente cierta. Esta organización también reporta avances en otros indicadores: reducción de la mortalidad infantil, desnutrición, deserción, trabajo infantil y matrimonios tempranos.

Este reporte recomienda “crear una política de estado (¿no existe?) que garantice el desarrollo pleno, la protección contra la violencia y la participación activa de la niñez y la adolescencia”. Esta recomendación tiene una gran trascendencia no solo para los niños que son las semillas de la futura sociedad sino para modificar las actitudes educativas y la forma de concebirlos, que hasta ahora ha sido como objetos pasivos, moldeables como muñecos de plastilina y marginados en la familia y en la sociedad. Son considerados o trofeos o cargas insoportables de sus progenitores.

La evaluación es básicamente sociológica. No denuncia las causas, sobre todo la violencia que sufren los niños y que les produce un daño que no les quita la vida pero les disminuye la salud mental y con ella el desarrollo de su carácter personal. Obviamente la inseguridad social, la violencia en la escuela, la pobreza económica, junto con el desempleo producen un contexto social de temor, angustia e incertidumbre que se vacía como en un embudo en la vida familiar y convierte a los progenitores en los principales autores de la violencia doméstica. Desgraciadamente para una gran mayoría de infantes y adolescentes, “Save the children” (salvar a los niños), significa rescatarlos de su familia violenta. Urge aplicar las leyes establecidas (y desconocidas) acerca de la violencia familiar. Revindicar el derecho de los hijos a tener padres que sean educadores competentes y no solamente unos personajes con la autoridad de improvisar hijos.

Javier Cárdenas Silva
C.P.P. 81 1473 3565

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Saltillo
25254

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