08/01/2026
El dinero no garantiza educación… ni decencia pública
Zona de Riesgo | PuntoYComa
El caso de Tania Flores es una lección amarga pero necesaria: el poder, el dinero y los apellidos no compran educación, mucho menos ética pública.
La exalcaldesa de Múzquiz no enfrenta hoy un linchamiento mediático ni una persecución política, como intenta venderlo en redes sociales. Enfrenta expedientes, auditorías, investigaciones formales y una vinculación a proceso por el presunto desvío de 280 millones de pesos. Eso no se inventa en una transmisión en vivo, se documenta en juzgados.
Pero en lugar de responder ante la ley, Flores ha optado por el camino del escándalo: gritos, provocaciones, insultos y una estrategia clara de victimización permanente. Acusa al gobernador, a las instituciones, a la policía, al sistema… a todos, menos a sí misma. Incluso recurrió al insulto vulgar para referirse al mandatario estatal, confirmando que cuando faltan argumentos, sobran groserías.
Lo ocurrido el 6 de enero en la Plaza de Armas de Saltillo no fue un acto espontáneo ni una casualidad. Fue una provocación anunciada. Desde horas antes, la exalcaldesa convocó a sus seguidores para “partir la rosca” al gobernador en pleno evento familiar. Buscó el reflector, el choque, el momento viral. Y lo consiguió. Luego vino el guion conocido: empujón, transmisión en vivo, acusación de agresión política y señalamientos sin prueba alguna.
Nada de eso borra el fondo del asunto: Tania Flores está siendo investigada por corrupción.
Y cuando el cerco legal se cierra, aparece otro recurso recurrente: usar a la familia como escudo. La madre, los hijos, el esposo, los hermanos. Todos convertidos en parapeto emocional para evadir responsabilidades personales. Una estrategia tan vieja como irresponsable.
Peor aún, la exalcaldesa ha intentado apropiarse del discurso feminista para justificar ataques, descalificaciones y excesos. El feminismo no es patente de impunidad ni permiso para agredir, provocar o violentar. Utilizarlo como coartada es una falta de respeto para miles de mujeres que sí luchan por derechos reales, no por impunidad personal.
En Múzquiz, la historia es distinta a la que Flores narra desde Facebook. Ahí no dejó un legado de transformación, sino conflictos, despidos, obras bajo sospecha, entrega-recepción opaca, vehículos oficiales desaparecidos, periodistas intimidados, comerciantes presionados y un municipio con infraestructura deteriorada. Por eso no recorre las calles: recorre transmisiones.
Los testimonios se acumulan: comunicadores que hablan de amenazas, comerciantes que denuncian extorsiones, exfuncionarios que señalan abusos, y ahora una exsecretaria del Ayuntamiento que desmiente la narrativa de persecución política. Todos mienten, según ella. Solo ella dice la verdad.
La justicia no se enfrenta con lives, ni con insultos, ni con victimización. Se enfrenta con pruebas, explicaciones y responsabilidad.
Hoy, Tania Flores no es una perseguida política. Es una exfuncionaria vinculada a proceso, con un historial de confrontación y una larga lista de señalamientos que no se borran con escándalos.
Porque al final, el dinero podrá comprar micrófonos, seguidores o reflectores…
pero no garantiza educación, ni ética, ni respeto por la ley.
Y eso, tarde o temprano, se cobra.