05/04/2022
Hola, amigos:
No podemos rendirnos ante la obesidad infantil.
Algunas páginas en redes sociales tienden a normalizar la obesidad. Cuidado.
La obesidad no es normal y no es sana.
Lo que nos está pasando es que se ha generalizado tanto que ya no la vemos como un problema. Por otro lado, es tan difícil combatirla y tan alto el índice de fracaso al intentarlo, que la tentación de decir que es normal está teniendo cada vez más seguidores.
“Así es ese niño”, dice la gente: “todos en su familia son gorditos. No tiene nada de malo…”
Moralmente, no. Éticamente, no. Muchos menos si se trata de un niño inocente. El pequeño es una víctima de los malos hábitos de su familia y de su sociedad; nuestra sociedad. Pero desde luego que es malo para su páncreas, para sus arterias, para su corazón, para su hígado, para su esqueleto, para su autoestima…
Negar que la obesidad es mala, normalizarla es, en el mejor de los casos, una irresponsabilidad.
Vaya que es difícil combatir la obesidad infantil (o a cualquier edad, desde luego). Pero por nuestros hijos y por el futuro de nuestro país, no podemos rendirnos.
Rendirnos ante la obesidad del niño, es decir, no combatirla; es rendirnos a un futuro de salud precaria. Más claro: de mala salud.
La obesidad se relaciona directamente con la diabetes, con la hipertensión y con las demás enfermedades crónico-degenerativas, como el cáncer. ¿Quién quiere eso para sus hijos?
Normalizar la obesidad, es decir, argumentar que ser obeso está bien, que no tiene nada de malo, como equivocadamente se está proponiendo en algunos espacios en redes sociales, es un error peligroso.
No nos confundamos: denuesto cualquier acoso y me opongo a cualquier discriminación en contra del niño, o de cualquier persona que padezca obesidad. Qué se haga mofa de la obesidad me parece deleznable, y debe de ser sancionado en las instituciones educativas. Pero que se haga creer a las familias que “está bien” que el niño esté obeso; eso ya es otra cosa. Cuidado.
Como papá, como mamá, como ciudadano “de a pie”, no podremos arreglar el gravísimo problema que tenemos con la obesidad en nuestras sociedades. Pero podemos arreglar nuestra familia.
Evitar los alimentos procesados, las bebidas azucaradas y la comida chatarra en casa, no es una misión imposible. Conseguir que tus hijos tengan una rutina de ejercicio físico y mental (que también jugando al ajedrez se consumen calorías), tampoco es misión imposible.
Hazlo.
No te resignes a que tus hijos sean obesos.
¡Saludos!