27/11/2025
Hay una inoperancia silenciosa, casi invisible, en quedarte atrapado en las etiquetas que otros te pusieron. En repetir historias viejas como si aún definieran quién eres hoy. Te llamaron “mala persona”, te señalaron, te juzgaron sin conocer tus batallas… y sin darte cuenta, empezaste a cargar esas palabras como si fueran verdad.
Pero no lo son.
La verdadera falla no está en lo que dijeron de ti, sino en creer más en las voces que te humillaron que en tu propio valor. En permitir que los juicios ajenos pesen más que tu crecimiento, tu proceso, tu cambio.
No eres lo que alguien dijo en un mal momento.
No eres el error que cometiste hace años.
No eres la versión torcida que otros inventaron.
La responsabilidad —y la libertad— está en asumirte a ti mismo, en mirarte con honestidad y elegir avanzar. En reconocer que tienes defectos, sí, como todos, pero también una fuerza que nadie tiene derecho a minimizar.
Valor es levantarte incluso cuando quieren verte roto.
Dignidad es creer en ti aunque otros no lo hagan.
Sanar es dejar de vivir con etiquetas que jamás te pertenecieron.
No eres lo que te llamaron.
Eres lo que decides ser hoy.