12/12/2025
🌿 A los hijos sobrevivientes: una disculpa, un abrazo, una promesa
Este mensaje es para ustedes, hijos e hijas que sobreviven a la muerte de un hermano o una hermana.
Para ustedes, que también han perdido, que también sienten… pero que muchas veces quedan silenciados detrás del dolor inmenso de mamá y papá.
Sé que han escuchado palabras que nunca debieron escuchar:
frases como “ya no quiero vivir”, “la vida no tiene sentido”, “mejor me hubiera mu**to yo”.
Y ustedes, pequeños, jóvenes o adultos, se quedan ahí… sin saber qué hacer con lo que oyen, con lo que ven, con lo que sienten.
Sé que han visto nuestras caras de agotamiento, nuestras fuerzas quebradas, nuestros cuerpos vencidos.
Han sido testigos de un sufrimiento que se extiende meses o años, y que a veces les hace sentir que ya no hay espacio para ustedes en medio de tanto dolor.
Y es cierto: por momentos, el dolor es tan grande que nos impide ver algo esencial:
que ustedes también importan, que su vida es valiosa, que su presencia sostiene la nuestra.
Muchos de ustedes han llegado a pensar que su ausencia habría hecho sufrir menos a mamá o a papá.
Otros han sentido enojo hacia el hermano o la hermana fallecida, como si su partida hubiera desordenado la casa, el amor, la paz.
Y todo eso es válido. Todo eso es humano.
Hoy queremos pedirles perdón.
Perdón por el dolor que han visto.
Perdón por las palabras que no supimos callar.
Perdón por no tener la fuerza, durante meses o años, para ver su propio duelo, su propio miedo, su propio corazón.
Perdón por dejarlos sin herramientas, sin guía, sin explicación.
No fue por falta de amor.
Fue porque el dolor nos nubló… pero el amor hacia ustedes siempre ha permanecido intacto.
Hoy, desde lo más profundo del alma, queremos decirles:
Ustedes también merecen ser felices.
Merecen llorar a su hermano o a su hermana.
Merecen ser acompañados, sostenidos y vistos.
No tienen que cargar con nuestro dolor. No tienen que salvarnos.
Su misión no es reemplazar, ni llenar vacíos, ni ser fuertes todo el tiempo.
Prometemos aprender a integrar al hijo que partió —a su hermano o hermana— de una forma hermosa, sana, amorosa, donde ustedes también tengan un lugar grande, luminoso, digno.
Porque el amor no se divide: se multiplica.
Y ustedes siguen siendo una luz inmensa en nuestra vida.
Gracias por quedarse.
Gracias por sostener.
Gracias por existir.
Con amor inmenso.
Mamá.