29/12/2025
Cuando hablamos de riesgo en el parto, casi siempre se señala al cuerpo de la mujer, pero los factores que más suelen aumentar el riesgo no son biológicos, sino contextuales. El miedo activa respuestas de estrés que interfieren con la oxitocina, hormona clave para la progresión del parto; la desinformación lleva a decisiones tomadas desde la urgencia y no desde la comprensión; la falta de acompañamiento incrementa la sensación de amenaza y vulnerabilidad; la violencia obstétrica rompe la sensación de seguridad necesaria para que el cuerpo funcione; y las intervenciones innecesarias alteran procesos fisiológicos que, cuando se respetan, suelen avanzar por sí solos.
Estos factores no aparecen en análisis de laboratorio, pero tienen un impacto real y medible en la evolución del parto. Por eso, el riesgo muchas veces no está en parir, sino en cómo, dónde y con quién se pare.