05/05/2026
Hoy nuestro corazón vuelve a arder al recordar que, el 4 de mayo de 2019, en la Basílica de Guadalupe, la Iglesia proclamó beata a Conchita Cabrera de Armida, nuestra Fundadora, reconociendo en ella una vida totalmente entregada a Jesús, a la Iglesia y a la salvación del mundo.
Y qué conmovedor es pensar que aquella mujer tan humana y tan de Dios —esposa, madre de nueve hijos, viuda, mujer de cruz, de oración y de fuego interior— fue elevada a los altares para decirle al mundo entero que la santidad sí puede florecer en una vida real, en medio del dolor, de la entrega cotidiana y del amor fiel.
Hoy, como hijas de su espíritu, no solo la admiramos:
la agradecemos.
Agradecemos su sí.
Agradecemos su amor apasionado por Jesús. Agradecemos su maternidad espiritual.
Agradecemos que haya dejado arder su corazón hasta convertirse en fuente de vida para la Iglesia y en origen fecundo de las Obras de la Cruz, entre ellas, nuestra propia congregación.
Conchita no pertenece solo al pasado.
Sigue hablándonos.
Sigue enseñándonos a amar la Cruz sin miedo.
Sigue recordándonos que una vida escondida, ofrecida y unida a Cristo puede tocar el cielo… y cambiar la tierra.
Hoy queremos celebrar su beatificación con gratitud y con lágrimas buenas en el corazón. Porque la Iglesia reconoció públicamente lo que tantas almas ya sabían en silencio: que en Conchita brilló la santidad.