10/11/2025
Importante tomarlo en cuenta-
El embarazo con antecedentes de abuso sexual requiere una mirada clínica y humana especialmente cuidadosa, ya que puede reactivar memorias traumáticas y generar una vivencia ambivalente del proceso gestacional.
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Dimensión psicológica
Reactivación del trauma: El embarazo, parto y lactancia pueden despertar recuerdos, sensaciones corporales o emociones asociadas al abuso (por ejemplo, invasión corporal, miedo, vergüenza o culpa).
Ambivalencia emocional: Es común experimentar amor, rechazo o desconexión con el bebé o con el propio cuerpo.
Alteraciones en la identidad corporal: La transformación del cuerpo puede sentirse como una pérdida de control.
Síntomas frecuentes: ansiedad, pesadillas, flashbacks, disociación, depresión o hipervigilancia.
Dificultades vinculares
Relación con el cuerpo: Puede haber evitación del tacto, dificultad para las revisiones ginecológicas o para la intimidad.
Relación con el bebé: Algunas mujeres temen repetir el daño o sienten que su cuerpo no es “seguro” para el bebé.
Relación con la pareja o personal médico: Las interacciones pueden activar desconfianza o retraimiento si no hay contención empática.
Abordaje terapéutico
Psicoterapia especializada: Idealmente con enfoque en trauma y perspectiva de género (TCC, EMDR, terapia sensoriomotriz, ACT o terapias basadas en la compasión).
Intervenciones centradas en la seguridad: Validar la historia, favorecer el control sobre su cuerpo y decisiones médicas.
Trabajo de integración corporal: Técnicas de grounding, mindfulness, respiración diafragmática o yoga perinatal ayudan a reconectar con el cuerpo desde el autocuidado.
Acompañamiento perinatal sensible al trauma: Evitar procedimientos invasivos sin consentimiento claro, ofrecer alternativas de parto respetado, y crear espacios seguros.