05/01/2026
Te vi. No disimules. Te vi bajar la mirada.
Hablo contigo. Sí, contigo, que te cruzaste con nosotros hoy en la calle. O quizás fuiste quien se cambió de asiento en el bus para no quedar cerca.
¿Creés que no me doy cuenta?
Tengo un radar. Las mamás como yo desarrollamos un sexto sentido para detectar el momento exacto en que la sociedad decide que somos "demasiado incómodos" para mirar de frente.
Y necesito decirte algo, sociedad: ESTÁS MUY CONFUNDIDA.
Creés que bajo la cabeza porque me da vergüenza mi hijo...
Creés que mi suspiro es de tristeza por su diagnóstico
PERO TE EQUIVOCÁS
Si me ves cansada, no es porque él sea una carga. Es porque el mundo, TU mundo, está diseñado para expulsarnos. Es tener que pelear por una rampa, por un asiento, por una vacante en la escuela, por un poco de empatía básica
Lo que me duele NO ES SU DISCAPACIDAD
Lo que me duele es preparar el mate a la tarde, sentarme sola en la cocina y darme cuenta de que mi teléfono ya casi no suena.
Porque la gente "no sabe qué decir".
Porque tienen miedo de que "se contagie" la realidad
Porque prefieren la comodidad de su ignorancia antes que aprender a convivir con alguien que se mueve, habla o siente diferente.
Te perdés de tanto por miedo.
Si te hubieras quedado, si no hubieras bajado la mirada, habrías visto que mi hijo no sufre por ser quien es. Él se ríe con ganas, ama sin filtros y se esfuerza el doble por cosas que vos das por sentadas.
Él es puro. El problema no es su "falta de capacidad", es tu falta de humanidad.
Mi hijo no está roto.
Lo que está roto es un sistema que nos obliga a vivir en los márgenes.
Así que la próxima vez, no nos tengas lástima.
Tenete lástima a ti mismo, que tenés la vista perfecta, pero elegís no ver la belleza de la diversidad
Yo me quedo aquí, con él. Y créeme: en este equipo, sobra el amor que a ti te falta.