21/11/2025
Zazen y Psicoterapia: Una reflexión desde el consultorio
A veces, sentado en mi oficina aquí en Unidos por amor, escuchando las historias de los muchachos, me doy cuenta de que, en el fondo, tanto la psicoterapia como el Zen buscan lo mismo: que dejemos de sufrir por cosas que solo existen en nuestra cabeza.
Como psicólogo clínico, mi trabajo es ayudarles a armar el rompecabezas de su historia, a entender por qué les duele lo que les duele. Pero el Zazen... el Zazen va un paso más allá, o tal vez un paso más adentro.
El ruido y el silencio
Lo que veo a diario con los pacientes es que su peor enemigo no es la sustancia, es su propia mente. Es ese "ruido" constante, la culpa del ayer y el miedo al mañana. La terapia les ayuda a ordenar ese ruido, pero la práctica del Zen (el sentarse y observar) les enseña que no tienen por qué creerse todo lo que su mente les grita.
Es algo que resuena mucho con lo que hacemos aquí. Cuando en AA dicen "Solo por hoy", en realidad están practicando una forma de Zen: soltar el futuro y anclarse radicalmente en el presente.
La paradoja del Ego en rehabilitación
He pensado mucho en esto: en el Zen se habla de "disolver el ego", pero aquí en la clínica tengo que tener cuidado con eso. Los chicos llegan con el "Yo" hecho pedazos. Como terapeuta, primero tengo que ayudarles a reconstruirse, a que tengan la fuerza para decir "yo soy, yo valgo, yo decido no consumir".
No puedo pedirles que trasciendan el ego si todavía no tienen uno firme. Jack Engler tenía razón: "Primero tienes que ser alguien para poder ser nadie". Pero una vez que están más estables, la meditación es medicina pura para bajarle el volumen a la ansiedad.
Aprender a quedarse
Al final, creo que el cruce más bonito entre estos dos mundos es la permanencia. El adicto huye: huye del dolor, del aburrimiento, de la tristeza. El Zazen es el acto valiente de quedarse. De sentarse con la incomodidad y verla a la cara hasta que deja de dar miedo.
Integrar esa filosofía en mi práctica diaria, ya sea en una sesión individual o en el trato con el personal, me ayuda a recordar que mi labor no es solo "arreglar" conductas, sino acompañar almas a encontrar un poco de paz en medio de su caos.
Lic. Luis Gerardo Tafoya