31/05/2025
¿Cómo vivir una pérdida siendo “La psicóloga”? Es una pregunta que no ha salido de mi mente las últimas 24 horas, cuando se me informó la terrible noticia, del trágico deceso de aquel que había sido mi paciente.
Esto no lo escribo como psicóloga, hoy me doy el permiso de abrir mi corazón y escribir como F***y, la persona, porque así me sirve a mí desahogarme y que de paso estas palabras sirvan para honrar su memoria.
Pocas cosas pesan tanto como una emoción no asimilada y gestionar lo que duele sin nombre. Y ¿Qué nombre le pongo a este sentimiento? Pues no fui yo una amiga, no era él un familiar, no tomamos café juntos, ni festejábamos cumpleaños. Nuestra relación sólo se gestó dentro de un consultorio, fue un proceso terapéutico y nada más. Pero cómo decir “nada más” como si ese proceso en sí, no fuera algo tan fuerte.
A diferencia de otras profesiones donde el trato con el cliente muchas veces se queda en la superficialidad. En la cordialidad vacía del compromiso que no busca ni quiere llegar a conocer más profundamente el alma del otro, en la terapia pasa totalmente al revés.
No fui su amiga, pero estoy segura que en algunos aspectos de su vida lo conocí como nadie. Él me abrió su corazón, me confío sus más profundos miedos y sueños, lo acompañé en la libertad de sus pensamientos en voz alta, sin juicio. Me consideró muchas veces como su guía, cosa que le agradezco desde un lugar de privilegio pues yo también le admiré mucho.
Y de pronto, saber que todas aquellas cosas que en algún momento deseó hacer y que tenía por delante hoy quedan coartadas. Me duele profundamente su muerte, pero honro su vida, todo lo que él fue, su enorme generosidad con quienes lo rodeaban, las personas a las que impactó, su agudeza mental, la pulcritud de sus palabras, su sentido del humor negro que siempre me sacaba carcajadas en medio de la terapia y su exagerado sarcasmo de: “Eso es lo que quieres que haga Estefanía?” jajajaja.
Hoy no me ajusto al protocolo formal, a ser indiferente o manejarlo como "la profesional". Hoy desde lo personal digo que me duele y también a ti -L- te digo gracias, que alegría haber coincidido en el camino.