28/02/2026
El día que nació mi hija también nació una nueva versión de mí…
Como terapeuta acompaño procesos de transformación todos los días. Estoy acostumbrada a sentarme frente al dolor, la incertidumbre, los duelos y los nuevos comienzos de otros. Esta vez me tocó vivir uno en cuerpo y alma. Sin teoría. Sin distancia. Sin rol profesional que me protegiera. Solo yo, mi respiración, mi historia y una fuerza que apareció cuando más la necesité.
Dar a luz es un acto plenamente físico, pero también profundamente psicológico. El cuerpo se abre, pero también se abren memorias, miedos, expectativas, creencias. Hay entrega, hay miedo, hay vulnerabilidad, hay fuerza, hay confianza. Hay momentos donde quieres controlar y momentos donde solo puedes soltar. Y en ese soltar ocurre algo poderoso.
Mi parto me recordó algo que veo en terapia constantemente: los grandes procesos de la vida nos transforman desde adentro. No salimos iguales. Se reconfigura la identidad, se reordenan prioridades, se despiertan recursos internos que quizá no sabíamos que estaban ahí.
Hoy honro mi proceso. Honro mi cuerpo. Honro mi historia. Y honro a cada mujer que atraviesa el suyo, sea cual sea su camino hacia la maternidad o hacia cualquier transformación importante en su vida.
La vulnerabilidad también es fuerza. Y el cuerpo, cuando confiamos en él, sabe sostenernos 🤍