18/12/2025
Cuando alguien muere, por causa natural o enfermedad crónica lo primero que debemos hacer es no hacer nada.
No salir corriendo y llamar a la enfermera. No contestar el teléfono. Respirar profundamente y estar presente en la magnitud del momento.
Es una gracia estar al lado de la cama de alguien que amamos mientras hace su transición fuera de este mundo.
En el momento en que dan su último aliento, hay un increíble carácter sagrado en el espacio. El velo entre los mundos se abre.
No estamos tan preparados ni entrenados sobre cómo lidiar con la muerte que a veces surge una especie de respuesta de pánico: "¡Ya murió!"
Sabíamos que iba a morir, por lo que su muerte no es una sorpresa.
No es un problema a resolver. Es muy triste, pero no es motivo de pánico.
En todo caso, su muerte es motivo para respirar profundamente, detenerse y estar realmente presente en lo que está sucediendo.
Si estamos en casa, quizás pongamos la olla y preparemos café o té.
¿Qué nos pasa? ¿Qué podría estar pasando con él o ella? ¿Qué otras presencias hay que podrían estar apoyándo en su camino?
Hacer una pausa le da a nuestra alma la oportunidad de adaptarse, porque no importa cuán preparados estemos, una muerte sigue siendo un shock.
Si entramos directamente en modo "hacer" y llamamos al 911 o llamamos al médico, nunca tendremos la oportunidad de asimilar la enormidad del evento.
Tomar 5 minutos, 10 minutos o 15 minutos simplemente para estar.
Nunca recuperaremos ese tiempo si no lo aprovechamos.
Después de eso, hagamos lo siguiente: llamar a la únicas personas que necesitan ser llamadas.
Involucrar a cualquier sistema que sea necesario, pero involucrarlo al nivel más mínimo.
Hacer las cosas con tranquilidad, porque en ese período un cuerpo y una alma se separan.
Si tenemos la oportunidad de estar en silencio y estar presente, debemos aprovechar y hacerlo.
Aceptar, aclimatarse y adaptarse a lo que está sucediendo.
No tendremos oportunidad de recuperar el aliento más adelante. Tenemos que hacerlo en esos momentos.
Estar presente en los momentos posteriores a la muerte es un regalo increíble para uno mismo, es un regalo para las personas con las que estamos y es un regalo para la persona que acaba de morir.
Está a sólo un pelo de distancia. Recién está comenzando su nuevo viaje en el mundo sin cuerpo. Si mantenemos un espacio tranquilo alrededor de su cuerpo y en la habitación, iniciará su transición de una manera más hermosa.
Desconozco al autor, pero los créditos son suyos.