17/06/2024
El padre ocupa un lugar diferente a la madre: es la autoridad, es firmeza, decisión y amparo.
De la energía del padre tomamos la fuerza para lograr lo que queremos, el buen uso de nuestras capacidades, la habilidad para pedir lo que se quiere y el encumbramiento profesional.
Con nuestro padre, tomamos toda aquella energía del mundo exterior, es la energía que nos hace ir hacia afuera, hacía el logro de nuestras metas, hacía los objetivos que nos trazamos en la vida; es esa energía que viene de nuestro padre la que nos ayuda a poner límites en todos los ámbitos de nuestra vida. Cuando solo tomamos a nuestra madre, hay soledad y aislamiento.
Cuando se piensa que es difícil aceptar al padre y honrarlo, y se le rechaza, por cualquiera que sea la razón, podemos quedar atorados con él, en la crítica, el reclamo, como si fuésemos aún niños esperando que nos den lo que no han podido darnos.
Tomar o aceptar al padre nos libera, ya que nos abre aceptar en nosotros todo lo bueno que él tenemos, que para empezar es la vida y es suficiente para estar agradecida y respetarlo.
Lo negativo del padre puede también estar en nosotros. Al tomarlo tal y como es se logra la paz con sus características y entonces puede uno cambiar dentro de sí lo que no te gusta de él.
El tomar al padre nos permite separarnos de él sana y amorosamente, estar en paz y hacer nuestra vida de la mejor forma aceptando y responsabilizándonos de hacer por nosotros mismos lo que hemos exigido a él.
“Todo niño que es separado de su padre se distancia emocionalmente del mundo, como una manera infantil de honrarlo”: Bert Hellinger