07/04/2026
La violencia es muda porque no busca comprender ni dialogar; simplemente arrasa con el otro. Quien recurre a la agresión ha olvidado que el mundo es un espacio compartido.
En la experiencia humana, la violencia no estalla por un exceso de fuerza, sino por una profunda impotencia. Cuando se agota nuestra capacidad para actuar y hablar junto a los demás, recurrimos a la agresión como una herramienta desesperada.
Desde esta perspectiva, la violencia no demuestra superioridad, sino que es un testimonio de nuestra incapacidad para sostener lo impredecible de la acción y la red de relaciones humanas. Un verdadero ejercicio de poder que es a su vez un acto de resistencia no consiste en dominar al otro, sino en mantener abierto el espacio para sostener la palabra, asumiendo la vulnerabilidad, sin ceder al impulso destructivo.