03/12/2025
Hay relaciones que no terminan nunca… pero llevan mucho tiempo siendo un fracaso emocional.
Y esto no lo digo desde el juicio, sino desde lo que observo todos los días en terapia.” A veces dos personas continúan juntas por costumbre, por miedo, por dependencia o por la idea equivocada de que “mientras sigamos aquí, la relación sigue funcionando”.
Pero una relación no se sostiene por el tiempo que lleva… se sostiene por lo que se construye dentro de ella. Hay vínculos que no terminan porque nadie se atreve a hablar del dolor, del desgaste, de la distancia, del silencio o de la manera en que ambos dejaron de sentirse vistos. Relaciones que siguen porque no se rompe el papel, pero emocionalmente están rotas desde hace años.
En terapia vemos esto constantemente: parejas que nunca se separan físicamente, pero llevan muchísimo tiempo separadas emocionalmente. Siguen compartiendo casa, responsabilidades, rutina…
pero ya no comparten conexión, vulnerabilidad, cuidado, seguridad emocional o proyectos reales.
Y no, eso no quiere decir que “no se aman”.
A veces sí hay amor, pero falta comunicación madura.
A veces hay cariño, pero falta trabajo emocional.
A veces hay historia, pero no hay presencia.
Porque una relación se fractura cuando uno deja de hablar y el otro deja de escuchar.
Cuando uno pide y el otro evade.
Cuando uno intenta sostener y el otro solo sobrevive.
Cuando el vínculo se mantiene por miedo al dolor, en vez de por deseo de sanar.
Y el problema es este: una relación que no se revisa, se desgasta. Una relación que no se confronta, se congela. Una relación que no se nutre, se apaga sin que nadie lo diga. No todas las relaciones que “siguen” están sanas. Y no todas las relaciones que “duran” están vivas. A veces, la relación no terminó… pero emocionalmente, ninguno de los dos está ahí desde hace mucho tiempo. La verdadera pregunta no es cuánto llevan juntos, sino qué tan juntos se sienten ahora.