14/02/2026
LA DIFERENCIA ENTRE "POBRE" Y "MINIMALISTA"
Vivimos todos en el mismo mundo pero cada quien tiene una narrativa diferente.
Para algunos es una batalla no enfilada hacia triunfar, sino a una necesidad de no sentirse derrotados. Cada vez que "pierden" maquillan como una "falsa victoria" la situación, y su derrota se disfraza de una "decisión consciente".
De esta manera cada vez que son incapaces de algo se visten de una "supuesta superioridad".
Se promueven como grandes amantes de aquello que poseen y por sobre todas las cosas niegan añorar lo que les falta. Se vuelven por ejemplo promotores de las "vidas sencillas" por que no tienen recursos para vivir de otra forma y hablan mal del consumo, pero porque no pueden consumir, jaja, ¡se vuelven minimalistas pero a causa de ser pobres!
Por ejemplo dicen amar su viejo auto porque uno nuevo está muy lejos de sus alcances financieros y respetan su ignorancia con una soberbia sin igual.
Es una forma de preservar la autoestima pagando la factura de deformar los deseos, es decir desestimar todo aquello que no pueden tener.
Lo mismo sucede con el conocimiento, ven lo desconocido como irrelevante, soberbio o limitante y disfrazan de "librepensadurismo" la más grande de las ignorancias, proclamándose en contra de toda autoridad para evitar el reconocer los propios límites.
Por ejemplo a través de la envidia tienden a atacar aquello que consideran muy valioso en el otro e incluso argumentan dicho desprecio! ja ja ja.
Así, quien no tiene dinero, dice que el dinero es malo, quien no puede viajar que no hay nada interesante en ninguna parte, quien no sabe o no entiende algo lo denuesta, y terminan por no desear lo que les falta y anular el deseo.
Lo más grave es cuando la carencia se hace honorable y se convierte en una arma para juzgar al prójimo, es como una especie de "moral resentida" que necesita sobajar lo ajeno para dignificar lo propio, de esta forma también se evita sufrir por lo "no obtenido".
Pero ¿qué podría ser lo saludable?.
Desde mi punto de vista sería el reconocer que "me hubiera gustado tener o lograr algo y no me fue posible", en lugar de negarlo o peor aún despreciar a quienes lo buscan o lo tienen.
Quien vive de este modo se justifica para no ser un perdedor y se vuelve un "ganador imaginario" que logra vencer siempre, su batalla también imaginaria, según su propio reglamento.
La factura es cara, anula sus deseos, se aleja de los demás y renuncia a una vida feliz en la que pueda valorar de forma real aquello que verdaderamente tiene sin necesitar la cuota negativa de odiar lo que no tiene y peor aún, a quien si lo tiene.
Luz y paz.
Carlos Domínguez