14/11/2025
Querida mamá:
Tu cuerpo cuenta una historia que merece ser honrada.
Cada cicatriz, cada estría y cada cambio en tu piel no son un defecto: son la huella de tu valentía, del camino que atravesaste para traer vida al mundo.
A veces cuesta mirarse al espejo y reconocer a la mujer que está ahí… pero ojalá puedas verla con los ojos del amor y no de la exigencia. Porque esa mujer eres tú: fuerte, resiliente, capaz, y más hermosa de lo que imaginas.
Tu cesárea no te hace menos madre. Tu cicatriz es un recordatorio de tu entrega. Tus estrías son líneas de crecimiento, de expansión, de amor hecho piel.
No estás sola si a veces te cuesta aceptarlo. Pero quiero que recuerdes algo: no necesitas un cuerpo perfecto para ser una gran mamá, porque ya lo eres. Lo que viviste te transformó, sí… pero también te elevó.
Regálate paciencia, trátate con cariño y mira tu cuerpo como lo haría tu hijo: con amor puro, sin juicio, con orgullo.
Eres grande, eres fuerte, eres suficiente.
Y cada marca en tu piel es evidencia de tu historia maravillosa.
Nadie habla de la “bolsita” de la cesárea.
Esa pequeña capa de piel que cuelga sobre la cicatriz,
la que te hace bajar un poco más la camiseta,
o evitar mirarte demasiado tiempo en el espejo.
Es mi mayor inseguridad.
He llorado por ella.
He tratado de ocultarla.
He deseado que desaparezca.
Pero no es solo piel.
Es tejido cicatricial.
Es sanación.
Es supervivencia.
Me abrieron para traer una vida al mundo.
¿Y esa bolsita?
Es un recordatorio de todo lo que pasé.
Así que si estás mirando la tuya,
preguntándote si algún día se irá…
Ten compasión contigo.
Tu cuerpo no falló.
Tu cuerpo trajo a tu bebé al mundo.
Y eso vale mucho más
que cualquier abdomen plano.