28/12/2025
LO HEMOS LOGRADO. Estamos cerrando el 2025 para dar la bienvenida al 2026.
Ha sido un año interesante, con altas y bajas, como todos podrían decir. Sin embargo, a mi manera de ver y sentir, este año fue distinto, porque todos los retos estuvieron relacionados con una profunda limpieza, en todos los niveles.
Lo difícil fue verdaderamente difícil, porque nos obligó a cuestionarnos: ¿qué forma parte de mí?, ¿qué es realmente mío?, ¿qué necesito limpiar, soltar, eliminar o guardar? Lo fácil, en cambio, nos acercó más a quienes somos, a nuestra esencia y a nuestra autenticidad.
Se sembraron semillas emocionales, materiales y espirituales, y sé que en este año —año chino del Caballo de Fuego— esas semillas brotarán.
La queja queda a un lado. Hicimos el bien o el mal, dimos o recibimos, construimos o destruimos. La vida puede no ser justa, pero sí es ordenada, y responde siempre a las leyes inmutables de la naturaleza.
Las transformaciones requieren tiempo, a veces años de preparación. Algunos lo han sentido con claridad; otros, no tanto. Pero en el 2026 el cambio será evidente.
Ningún proceso es sencillo. Cuando alguien inicia un proceso personal en Revelaciones Equinas, siempre compartimos estas palabras: la sanación y el crecimiento son procesos duros y, en ocasiones, dolorosos. A menudo los comparo con un trabajo de parto: no todo es bonito; la preparación y la espera duelen. Pero la recompensa es inmensa. Todo culmina con el milagro de la vida: un ser nuevo en nuestros brazos o la tan anhelada libertad de ser quienes somos y abrazar nuestra grandeza.
De nosotros depende lo que hagamos. La naturaleza y el universo estarán a favor de quienes creen para crear, de quienes esperan las sinergias correctas para arriesgarse y emprender, de quienes saben, sin dudar, que el momento oportuno está por llegar.
El caballo siempre está atento, observando su entorno, viviendo en el presente y sintiendo cada instante con su manada. Cuando llega el momento adecuado, busca praderas verdes, ríos limpios y terrenos fértiles y seguros para crear y crecer. El 2026 nos trae todo esto y más. La proactividad se vuelve indispensable: impulsarnos como los caballos, con la fuerza posterior —todo lo que ya hemos hecho y para lo que nos hemos preparado— y con los anteriores sueltos y libres, para redireccionar nuestra vida con fluidez y soltura.
Todo llega como tiene que llegar.
No habrá sorpresas si somos seres responsables. El ayer forjó nuestro hoy, y el hoy es la antesala de nuestro mañana. Para los pueblos nativos, se cierra un ciclo de 52 años, una fecha de gran importancia. Es tiempo de enterrar lo viejo y abrir lo nuevo con una conciencia diferente. Quienes estemos listos, sabremos aprovechar cada instante.
Les deseo un hermoso cierre de año y recibo, junto con ustedes y los relinchos de nuestra manada, un 2026 próspero e iluminado, cobijado por el espíritu del caballo. Que nos dé el fuego necesario para transmutar lo transmutable y abrazar, con cada tranco de galope, aquello que hemos estado esperando.
Tanja