01/10/2024
¿QUÉ ES LA RECIPROCIDAD EN LAS RELACIONES?
En el vínculo entre las personas, sea este muy fuerte o débil, debe haber un sentido de reciprocidad. Nos estamos refiriendo a todas las relaciones humanas, sean estas filiales, de pareja, de amistad, de grupo, de compromiso, laborales…
La primera relación que establecemos las personas es la relación con nuestra madre o quien juegue ese rol, desde nuestro nacimiento, ya que permanecemos, en el caso de hijas/os biológicos, nueve meses dentro del cuerpo de la madre, escuchando incluso sus latidos, para luego seguir pegados a su piel y en sus brazos durante el amamantamiento (incluso con biberón) y en ese tiempo mientras vamos alcanzando nuestra independencia para andar y llegar a la autonomía.
Es un proceso relativamente largo en los seres humanos, lo que determina y marca en mucho el tipo de vínculo que estableceremos con la madre y que LUEGO SERÁ NUESTRA BRÚJULA EN OTRAS RELACIONES HUMANAS.
Este vínculo significa que aparece entre ambas personas, madre e hija/o, una unión afectiva que se muestra de múltiples modos y expresa la unión entre ambas personas. Vínculo que detona emociones, y generará en cada quien una reacción que, en su esencia, está en un continuo que va, desde la aceptación hasta el rechazo, incluyendo la indiferencia.
La vinculación debe ser transaccional, es decir, se debe sostener en un intercambio de afectos: te doy para recibir lo mismo.
Ambas personas, del par de que se trate, deben satisfacer afectivamente las necesidades de la otra persona y la otra persona las de esta.
Aunque no se establezca un pacto expreso, este estará implícito y fuertemente sentido en todas las relaciones, incluida la maternal. Una vinculación emocional sana, va a dar cuenta de las desigualdades en este terreno.
La identidad femenina, de las mujeres, basada en el cuidado de los otros y su entrega como un “ser para otros”, de manera incondicional, pesa en la poca o ninguna disposición a intercambiar, con reciprocidad, afectos con las y los hijos, desde el nacimiento. Las madres estimuladas por el concepto de maternidad como destino, suelen entregarse a amarles, cuidarles y protegerles sin pedir nada a cambio y sin educar en la reciprocidad afectiva. Condición necesaria para el establecimiento de todas las relaciones venideras con vinculaciones sanas.
Las mujeres, con la maternidad como eje de la identidad femenina, tratarán de estar disponibles para su hija/o y así satisfacer sus necesidades. Estableciendo relaciones donde las y los hijos reciben y no se les educa para dar sino para recibir, sin condición. Pero el vínculo sano afectivo conlleva aprender a dar y recibir, por lo que hay que educarles en la capacidad de dar afecto para recibirlo a cambio. Las mujeres debemos aprender a recibir afecto en la transacción afectiva recíproca, del vínculo materno sano.
El vínculo seguro no es solo proteger: amar es un acto humano donde cada quien es capaz de entregar y dar su amor y su afecto. Las personas deben aprender a dar y a recibir en ambos sentidos en las relaciones humanas. La reciprocidad es la base de una afectividad sana, basada en la responsabilidad afectiva.
Reflexiona cómo son tus relaciones, ¿existe reciprocidad? Te puedo acompañar a que te des cuenta de esto.