20/09/2025
Acudir a videntes, tarotistas y “sanadores” etc, no es buena idea. Las conductas humanas se explican en función de la historia de aprendizaje y del contexto en el que ocurren. Esto incluye también la búsqueda de “respuestas mágicas” a problemas reales: acudir a videntes, tarotistas, curanderos o charlatanes. Aunque puede parecer inofensivo, estas prácticas suelen ser fraudulentas, estafadoras y una pérdida de tiempo y recursos, tanto materiales como emocionales.
1. Los sesgos que alimentan el engaño:
Sesgo de confirmación: la persona recuerda solo los aciertos vagos del vidente (“te irá bien en el trabajo”) y olvida los fallos.
Efecto Forer o Barnum: mensajes generales y ambiguos que parecen describirnos de manera precisa (“a veces eres inseguro, pero cuando te lo propones logras mucho”).
Ilusión de control: creer que tirando cartas o viendo mangos tenemos control sobre eventos azarosos.
Falacia post hoc: atribuir una mejoría en la vida a la sesión mágica, cuando en realidad hubo otros factores conductuales o contextuales implicados.
Estas distorsiones cognitivas hacen que la persona refuerce su conducta de acudir con charlatanes, generando un círculo de dependencia y gasto constante.
2. Por qué es un problema conductual:
Desde la perspectiva conductual, ir con videntes funciona como un refuerzo negativo y positivo al mismo tiempo:
Negativo: reduce momentáneamente la ansiedad e incertidumbre (“alguien me dijo qué pasará”).
Positivo: añade esperanza ilusoria y atención social del supuesto “guía”.
Sin embargo, no resuelve las variables de fondo (problemas de pareja, laborales, emocionales). Por tanto, la conducta se mantiene por alivio inmediato, pero se convierte en una evitación experiencial que impide abordar la realidad.
3. La alternativa basada en evidencia:
La intervención adecuada no es buscar certezas mágicas, sino trabajar en lo que sí está bajo control:
Análisis funcional de la conducta: identificar qué dispara la ansiedad, cómo se mantiene y qué consecuencias refuerzan las conductas problemáticas.
Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT): aprender a relacionarse de otra forma con la incertidumbre, desarrollar flexibilidad psicológica y orientar la acción hacia valores.
Entrenamiento en habilidades (DBT, FAP, ABA): estrategias de regulación emocional, solución de problemas, mindfulness y fortalecimiento de repertorios sociales y de autocuidado.
Decisiones informadas: acudir a profesionales de salud mental regulados, basados en evidencia científica, no en promesas mágicas.
Ir con videntes y tarotistas es reforzar un patrón de evitación y dependencia basado en sesgos cognitivos y falacias. La alternativa conductual radical y basada en evidencia es reconocer la incertidumbre, intervenir en lo que se puede modificar, y construir acciones consistentes con los valores personales, en lugar de delegar el bienestar en un fraude.