27/02/2026
🌟Material de apoyo para las lecciones de UCDM 📘 por Allen Watson y Robert Perry 🌟
𝑳𝑬𝑪𝑪𝑰𝑶́𝑵 58 – 27 FEBRERO
Repaso de las Lecciones 36 a 40
“𝑴𝒊 𝒔𝒂𝒏𝒕𝒊𝒅𝒂𝒅 𝒆𝒏𝒗𝒖𝒆𝒍𝒗𝒆 𝒕𝒐𝒅𝒐 𝒍𝒐 𝒒𝒖𝒆 𝒗𝒆𝒐”
“𝑴𝒊 𝒔𝒂𝒏𝒕𝒊𝒅𝒂𝒅 𝒃𝒆𝒏𝒅𝒊𝒄𝒆 𝒂𝒍 𝒎𝒖𝒏𝒅𝒐”
“𝑵𝒐 𝒉𝒂𝒚 𝒏𝒂𝒅𝒂 𝒒𝒖𝒆 𝒎𝒊 𝒔𝒂𝒏𝒕𝒊𝒅𝒂𝒅 𝒏𝒐 𝒑𝒖𝒆𝒅𝒂 𝒉𝒂𝒄𝒆𝒓”
“𝑴𝒊 𝒔𝒂𝒏𝒕𝒊𝒅𝒂𝒅 𝒆𝒔 𝒎𝒊 𝒔𝒂𝒍𝒗𝒂𝒄𝒊𝒐́𝒏”
“𝑺𝒐𝒚 𝒃𝒆𝒏𝒅𝒊𝒕𝒐 𝒑𝒐𝒓 𝒔𝒆𝒓 𝒖𝒏 𝑯𝒊𝒋𝒐 𝒅𝒆 𝑫𝒊𝒐𝒔”
Instrucciones para la práctica
𝐏𝐫𝐨𝐩𝐨́𝐬𝐢𝐭𝐨:
Repasar las lecciones y así dejar que se adentren en un nivel más profundo. También, ver la relación entre ellas y lo entrelazado que está el sistema de pensamiento al que se te está llevando.
𝐄𝐣𝐞𝐫𝐜𝐢𝐜𝐢𝐨𝐬:
Tan a menudo como puedas (sugerencia: cada hora, a la hora en punto), durante al menos dos minutos.
Solo y en un lugar tranquilo, lee una de las cinco lecciones y los comentarios relacionados. Fíjate en que los comentarios como si fueran tus propios pensamientos sobre la idea. Intenta imaginarte que son tus propias palabras. Te ayudará introducir tu nombre a menudo. Esto te preparará para la fase siguiente, en la que tú mismo produces pensamientos semejantes.
Cierra los ojos y piensa en la idea y en los comentarios. Concretamente piensa en la idea central del párrafo del comentario. Reflexiona sobre ella. Deja que surjan pensamientos relacionados (utilizando el entrenamiento que has recibido en esa práctica). Si tu mente se distrae, repite la idea y luego vuelve a reflexionar sobre ella. Éste es el mismo ejercicio básico de la Lección 50, en el que activamente piensas sobre las ideas para dejar que se adentren más profundamente en tu mente.
𝐎𝐛𝐬𝐞𝐫𝐯𝐚𝐜𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬:
Al comienzo y al final del día lee las cinco lecciones.
A partir de entonces, haz una lección por sesión de práctica, el orden no importa. Haz cada lección por lo menos una vez.
Cumplido eso, concéntrate en una lección determinada si es la que más te atrae.
𝐂𝐨𝐦𝐞𝐧𝐭𝐚𝐫𝐢𝐨
“𝐿𝑎 𝑖𝑛𝑜𝑐𝑒𝑛𝑐𝑖𝑎... 𝑒𝑠 𝑙𝑎 𝑣𝑒𝑟𝑑𝑎𝑑 𝑐𝑜𝑛 𝑟𝑒𝑠𝑝𝑒𝑐𝑡𝑜 𝑎 𝑚𝑖́ 𝑚𝑖𝑠𝑚𝑜” (1:4).
Yo realmente no lo creo. Quiero creerlo, y puedo decir que lo creo; pero si realmente lo creyera, pienso que no estaría aquí. Al menos no estaría viendo el mundo de la manera que lo veo, porque el modo en que veo el mundo procede del modo en que me veo a mí mismo.
“𝐿𝑜 𝑢́𝑛𝑖𝑐𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑝𝑢𝑒𝑑𝑜 𝑣𝑒𝑟 𝑠𝑜𝑛 𝑙𝑜𝑠 𝑝𝑒𝑛𝑠𝑎𝑚𝑖𝑒𝑛𝑡𝑜𝑠 𝑞𝑢𝑒 𝑡𝑒𝑛𝑔𝑜 𝑎𝑐𝑒𝑟𝑐𝑎 𝑑𝑒 𝑚𝑖́ 𝑚𝑖𝑠𝑚𝑜” (1:5). Por eso, si realmente creyera en mi inocencia, todo lo que vería sería inocencia por todas partes. Santidad.
Por esta razón, aceptar la Expiación para mí mismo, salva al mundo. Si puedo aceptar mi propia inocencia, todo lo que veré es inocencia. A menudo nos confundimos sobre quién perdona primero.
🧐 ¿Perdono primero a otros, y luego veo mi propia inocencia?
🧐¿O me perdono a mí mismo, permitiéndome así ver a los otros inocentes?
La respuesta a ambas preguntas es “𝐒𝐢”.
🧐¿Cómo pueden contestarse las dos preguntas “Si”?
𝐏𝐨𝐫𝐪𝐮𝐞 “𝐲𝐨 𝐦𝐢𝐬𝐦𝐨” 𝐲 “𝐥𝐨𝐬 𝐨𝐭𝐫𝐨𝐬” 𝐧𝐨 𝐬𝐨𝐦𝐨𝐬 𝐫𝐞𝐚𝐥𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐝𝐨𝐬, 𝐬𝐨𝐦𝐨𝐬 𝐮𝐧𝐨.
El pecado que veo en otros es siempre el mío propio, proyectado desde mi mente (T.31.II.1:5).
𝐂𝐮𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐩𝐞𝐫𝐝𝐨𝐧𝐨 𝐚 “𝐨𝐭𝐫𝐨𝐬” 𝐞𝐬𝐭𝐨𝐲 𝐫𝐞𝐚𝐥𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐩𝐞𝐫𝐝𝐨𝐧𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐦𝐢𝐬 𝐩𝐫𝐨𝐩𝐢𝐨𝐬 𝐩𝐞𝐜𝐚𝐝𝐨𝐬.
Cualquier acto de perdón, sea dirigido hacia fuera o hacia dentro, tiene como resultado que todo el mundo es perdonado.
𝐃𝐞 𝐞𝐬𝐭𝐞 𝐦𝐨𝐝𝐨, 𝐜𝐮𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐩𝐞𝐫𝐜𝐢𝐛𝐨 𝐦𝐢 𝐬𝐚𝐧𝐭𝐢𝐝𝐚𝐝, 𝐡𝐞 𝐛𝐞𝐧𝐝𝐞𝐜𝐢𝐝𝐨 𝐚 𝐭𝐨𝐝𝐨 𝐞𝐥 𝐦𝐮𝐧𝐝𝐨. La santidad que veo en mí mismo, cuando la veo, es algo compartido por todo el mundo. A medida que mi propia inocencia se alza en mi mente, la santidad de todo el mundo se alza al mismo tiempo.
La inocencia, o santidad, es un tema importantísimo del Curso.
📘“Todo el mundo tiene un papel especial en la Expiación, pero el mensaje que se le da a cada uno de ellos es siempre el mismo: 𝑬𝒍 𝑯𝒊𝒋𝒐 𝒅𝒆 𝑫𝒊𝒐𝒔 𝒆𝒔 𝒊𝒏𝒐𝒄𝒆𝒏𝒕𝒆” (T.14.V.2:1).
📘 “El contenido del curso, no obstante, nunca varía. Su tema central es siempre: „𝑬𝒍 𝑯𝒊𝒋𝒐 𝒅𝒆 𝑫𝒊𝒐𝒔 𝒆𝒔 𝒊𝒏𝒐𝒄𝒆𝒏𝒕𝒆, 𝒚 𝒆𝒏 𝒔𝒖 𝒊𝒏𝒐𝒄𝒆𝒏𝒄𝒊𝒂 𝒓𝒂𝒅𝒊𝒄𝒂 𝒔𝒖 𝒔𝒂𝒍𝒗𝒂𝒄𝒊𝒐́𝒏‟”
(M.1.3:4-5).
Es un mensaje de absoluta inocencia, completa inocencia, inocencia universal, sin dejar a nadie ni a nada fuera de ella. No se condena a nadie. No se juzga a nadie como culpable. Nadie es castigado.
“𝑃𝑢𝑒𝑠𝑡𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑚𝑖 𝑠𝑎𝑛𝑡𝑖𝑑𝑎𝑑 𝑚𝑒 𝑎𝑏𝑠𝑢𝑒𝑙𝑣𝑒 𝑑𝑒 𝑡𝑜𝑑𝑎 𝑐𝑢𝑙𝑝𝑎, 𝑟𝑒𝑐𝑜𝑛𝑜𝑐𝑒𝑟 𝑚𝑖 𝑠𝑎𝑛𝑡𝑖𝑑𝑎𝑑 𝑒𝑠 𝑟𝑒𝑐𝑜𝑛𝑜𝑐𝑒𝑟 𝑚𝑖 𝑠𝑎𝑙𝑣𝑎𝑐𝑖𝑜́𝑛. 𝐸𝑠 𝑡𝑎𝑚𝑏𝑖𝑒́𝑛 𝑟𝑒𝑐𝑜𝑛𝑜𝑐𝑒𝑟 𝑙𝑎 𝑠𝑎𝑙𝑣𝑎𝑐𝑖𝑜́𝑛 𝑑𝑒𝑙 𝑚𝑢𝑛𝑑𝑜” (4:2-3).
Como un Hijo de Dios yo soy santo, y por eso soy bendito. 𝐏𝐞𝐫𝐨 𝐬𝐢 𝐲𝐨 𝐬𝐨𝐲 𝐮𝐧 𝐇𝐢𝐣𝐨 𝐝𝐞 𝐃𝐢𝐨𝐬, 𝐭𝐮́ 𝐭𝐚𝐦𝐛𝐢𝐞́𝐧 𝐥𝐨 𝐞𝐫𝐞𝐬, también lo es todo el mundo, porque soy un Hijo de Dios no por mi propio mérito ni por ningún logro que me diferencie de los demás, sino simplemente debido al hecho de que Dios me creó santo. A medida que reconozca este hecho sobre mí mismo, tengo que incluir a todos los que Dios creó, o me quedo excluido junto con todos los demás.
Mi derecho a la inocencia, y a “𝑡𝑜𝑑𝑜 𝑙𝑜 𝑏𝑢𝑒𝑛𝑜 𝑦 𝑠𝑜́𝑙𝑜 𝑙𝑜 𝑏𝑢𝑒𝑛𝑜” (5:2), 𝐫𝐞𝐬𝐢𝐝𝐞 𝐞𝐧 𝐞𝐥 𝐡𝐞𝐜𝐡𝐨 𝐝𝐞 𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐨𝐲 𝐞𝐥 𝐇𝐢𝐣𝐨 𝐝𝐞 𝐃𝐢𝐨𝐬.
Dios quiere todas las cosas buenas para mí y por lo tanto debo tenerlas, no porque me las haya merecido de algún modo, sino porque Él quiere darlas.
“𝐸𝑙 𝑐𝑢𝑖𝑑𝑎𝑑𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑚𝑒 𝑝𝑟𝑜𝑑𝑖𝑔𝑎 𝑒𝑠 𝑖𝑛𝑓𝑖𝑛𝑖𝑡𝑜 𝑦 𝑒𝑡𝑒𝑟𝑛𝑜. 𝑆𝑜𝑦 𝑒𝑡𝑒𝑟𝑛𝑎𝑚𝑒𝑛𝑡𝑒 𝑏𝑒𝑛𝑑𝑖𝑡𝑜 𝑝𝑜𝑟 𝑠𝑒𝑟 𝑆𝑢 𝐻𝑖𝑗𝑜” (5:7-8).
No importa lo que yo piense de mí mismo o que piense que lo he estropeado todo: todavía soy Su Hijo. Todavía soy inocente. Todavía soy santo.
“𝑹𝒆𝒄𝒖𝒆𝒓𝒅𝒂 𝒆𝒔𝒕𝒐:
𝒑𝒊𝒆𝒏𝒔𝒆𝒔 𝒍𝒐 𝒒𝒖𝒆 𝒑𝒊𝒆𝒏𝒔𝒆𝒔 𝒅𝒆 𝒕𝒊 𝒎𝒊𝒔𝒎𝒐,
𝒑𝒊𝒆𝒏𝒔𝒆𝒔 𝒍𝒐 𝒒𝒖𝒆 𝒑𝒊𝒆𝒏𝒔𝒆𝒔 𝒅𝒆𝒍 𝒎𝒖𝒏𝒅𝒐,
𝒕𝒖 𝑷𝒂𝒅𝒓𝒆 𝒕𝒆 𝒏𝒆𝒄𝒆𝒔𝒊𝒕𝒂 𝒚 𝒕𝒆 𝒍𝒍𝒂𝒎𝒂𝒓𝒂́
𝒉𝒂𝒔𝒕𝒂
𝒒𝒖𝒆 𝒑𝒐𝒓 𝒇𝒊𝒏 𝒓𝒆𝒈𝒓𝒆𝒔𝒆𝒔 𝒂 𝑬́𝒍 𝒆𝒏 𝒑𝒂𝒛”. (Canción de la Oración 3.IV.10.7)
📘“Ten fe en lo que sigue a continuación, y ello será suficiente: 𝒍𝒂 𝑽𝒐𝒍𝒖𝒏𝒕𝒂𝒅 𝒅𝒆 𝑫𝒊𝒐𝒔 𝒆𝒔 𝒒𝒖𝒆 𝒆𝒔𝒕𝒆́𝒔 𝒆𝒏 𝒆𝒍 𝑪𝒊𝒆𝒍𝒐, 𝒚 𝒏𝒐 𝒉𝒂𝒚 𝒏𝒂𝒅𝒂 𝒒𝒖𝒆 𝒕𝒆 𝒑𝒖𝒆𝒅𝒂 𝒑𝒓𝒊𝒗𝒂𝒓 𝒅𝒆𝒍 𝑪𝒊𝒆𝒍𝒐 𝒐 𝒒𝒖𝒆 𝒑𝒖𝒆𝒅𝒂 𝒑𝒓𝒊𝒗𝒂𝒓 𝒂𝒍 𝑪𝒊𝒆𝒍𝒐 𝒅𝒆 𝒕𝒖 𝒑𝒓𝒆𝒔𝒆𝒏𝒄𝒊𝒂.
Ni tus percepciones falsas más absurdas, ni tus imaginaciones más extrañas ni tus pesadillas más aterradoras significan nada. No prevalecerán contra la paz que la Voluntad de Dios ha dispuesto para ti”. (T.13.XI.7:1-3)