25/12/2025
La Navidad no es una fecha… es un umbral que nos permite conectar con nuestra esencia.
Dicen los ancestros que hay una noche al año en la que el tiempo se detiene, no porque el reloj lo diga, sino porque la conciencia humana puede volver al origen. Esa noche es la Nochebuena, un momento para reflexionar y renovarnos. No es una noche "buena" por moral, sino porque el vientre está listo para recibir la luz.
El simbolismo profundo de la Navidad nos habla del frío como silencio, como la naturaleza diciendo: "Detente. Escucha.
No crezcas hacia afuera… gesta hacia adentro."
Por eso nace el niño en el punto más oscuro del año: el solsticio de invierno.
Cuando el Sol parece morir, la Luz renace desde dentro. El Niño no es una persona: es un estado del alma, el Cristo interno, la chispa pura, la conciencia recién recordada. Nace en un pesebre porque no nace en palacios del ego, no nace en la mente, no nace en el ruido, sino en lo simple, en lo humilde, en lo animal y humano a la vez.
¿Por qué la noche? Porque la verdadera luz no necesita permiso del día.
La Nochebuena es la noche donde el velo se adelgaza, los ancestros escuchan, el corazón está más permeable. Por eso la gente llora sin saber por qué... Por eso recuerdas a quienes ya no están. Por eso algo duele… y algo sana al mismo tiempo. Qué hacer hoy:
1. Bendecir el fuego, una vela basta. Mírala y di en silencio: "Así como esta llama no se apaga, que la luz que soy recuerde quién es." No pidas. Agradece. La gratitud abre portales.
2. Honrar el cuerpo, come despacio, abraza, descansa. Hoy el cuerpo no es pecado, es templo alquímico.
3. Dejar nacer algo, una intención, una verdad, un perdón. No lo anuncies. Géstalo en silencio, como se gesta la vida real. Qué no hacer hoy: no discutir, no forzar reconciliaciones falsas, no tomar decisiones desde la herida, no prometer cosas que no nacen del corazón.
Hoy no se empuja la vida.
Hoy se recibe.
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