Centro de Atención Psicológica Metamorfosis

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ATENCIÓN PSICOLÓGICA, ESPECIALISTA EN ADICCIONES Y TERAPIA CON ADOLESCENTE Y SUS CONDUCTAS DE RIESGO, TEEAPIA SE PARAJA Y DE FAMILIA, ASESORÍAS DE CASOS CLÍNICOS, PERITAJES LEGALES.

Muchas personas imaginan que una sesión de terapia debería terminar siempre con alivio, tranquilidad, contención, inclus...
15/12/2025

Muchas personas imaginan que una sesión de terapia debería terminar siempre con alivio, tranquilidad, contención, incluso con una sensación de bienestar o felicidad. A veces ocurre. Uno sale más claro, más liviano, con algo que ordena.

Pero otras veces no. A veces se sale con angustia, con una emoción intensa, con algo removido que incomoda.
Eso no es una mala señal. No indica que la sesión “salió mal”. Al contrario: suele indicar que se tocó algo importante. Algo que no estaba del todo dicho o no era del todo consciente.

A veces el fin de año trae muchas ideas, emociones y exigencias.Este recordatorio es sencillo pero profundo:🧠 No creas t...
14/12/2025

A veces el fin de año trae muchas ideas, emociones y exigencias.
Este recordatorio es sencillo pero profundo:

🧠 No creas todo lo que piensas.
❤️ Valida lo que sientes.
🎨 Haz más de lo que te hace bien.

Es una invitación a acercarte a ti mism@ con menos juicio y más presencia.

El post esta inspirado en una publicación de

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13/12/2025

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Una de las formas más rápidas de tensar la relación con un adolescente es abordar las cosas en caliente. El enojo nublando la claridad, la reacción tomando el control… y del otro lado, un adolescente igual de activado. Tú con la mejor intención de poner un límite, de cuidarlo, de lograr que haga lo que le pediste.

Y aun así, en un minuto todo puede volverse caos.

Por eso he estado practicando algo distinto: detenerme, respirar y elegir mejor. No entrar al pleito cuando mis emociones están al mando.

Cuando vuelvo con la hija o con algún alumno ya más tranquila, con mi corteza prefrontal en su lugar, puedo decir lo que pasó o lo que necesito sin generar un daño mayor en nuestra relación, pero tampoco dejando de lado lo que para mí es importante.

Al final, no se trata de evitar los límites, sino de elegir desde dónde los ponemos. Cuando respiramos antes de responder, dejamos de sumar caos… y empezamos a construir relación.

¿Te pasa también que “en caliente” todo se complica? Cuéntame qué te ayuda a pausar antes de reaccionar.

MO

09/12/2025

¿Cómo manejar los pensamientos intrusivos?

1. Entender lo que son los pensamientos intrusivos

Antes de intervenir, lo esencial es despatologizar:

Son eventos mentales automáticos, no voluntarios.

No indican deseos reales, ni predicen conductas.

Entre más se intentan evitar, más intensos y frecuentes se vuelven (efecto rebote).

Esta comprensión ya reduce ansiedad y culpa.

2. Técnica central: Reconocer – Nombrar – No pelear

a) Reconocer:

“Esto es un pensamiento, no una realidad”.

b) Nombrar:

“Estoy teniendo un pensamiento intrusivo de…”.
Nombrarlo activa áreas prefrontales y baja la reactividad emocional.

c) No pelear:

No luches por expulsarlo; déjalo estar y pasar. La lucha lo fortalece.

3. Desfusión.

Ejemplos prácticos que puedes usar:

Añadir al inicio del pensamiento:
“Estoy teniendo el pensamiento de que…”

Decir el pensamiento en voz lenta, exagerada o cantada (solo como ejercicio).

Imaginar el pensamiento como un texto en una pantalla o como una nube que pasa.

Esto separa el pensamiento del yo: “No soy lo que pienso”.

4. Técnica psicoanalítica: Dar lugar a la ocurrencia

Desde un encuadre más psicoanalítico:

Tratar el pensamiento como formación del inconsciente, no como una amenaza.

Invitar a observar qué lo detonó, qué asociaciones libres surgen, hacia dónde lleva.

Preguntar:

“¿Qué se está diciendo a través de esto?”

“¿Qué escena interna reactiva esto?”

“¿Qué deseo, miedo o conflicto está tocando?”

Cuando se tramita como mensaje y no como ataque, pierde fuerza persecutoria.

5. Regular el sistema nervioso en el momento

Si el pensamiento viene acompañado de mucha activación:

Respiración diafragmática lenta (4-6 ciclos/minuto).

Anclaje sensorial (3 cosas que ves, 2 que tocas, 1 que escuchas).

Sensación corporal: ubicar pies en el piso, temperatura, peso.

Calmar el cuerpo baja el volumen de los pensamientos.

6. Identificar detonantes y patrones

En seguimiento, ayuda explorar:

¿Cuándo aparecen más?

¿Qué situaciones aumentan la vulnerabilidad? (cansancio, estrés, culpa, conflicto).

¿Qué tema repetitivo subyace? (autoexigencia, miedo al futuro, sensación de insuficiencia, etc.)

Esto permite trabajar el núcleo, no solo el síntoma.

7. Límite sano: “No tengo que resolver este pensamiento”

Muchos pensamientos intrusivos sobreviven porque la persona intenta darles sentido literal.

Puedes enseñar frases como:

“Puedo permitir que esté sin tener que resolverlo”.

“No necesito concluir nada a partir de esto”.

“Un pensamiento intrusivo no es una tarea pendiente”.

8. Reposicionar el rol del observador

Hacer ejercicios de perspectiva:

Imaginar que se ve el pensamiento como si fuese de otra persona.

Visualizarse a sí mismo como el observador y no el contenido.

Refuerza la separación con el yo.

9. Trabajar la culpa, el “deber ser” y la autoexigencia

Muchos pensamientos intrusivos se intensifican cuando hay:

Moral rígida.

Exigencia excesiva.

Incapacidad de tolerar emociones “prohibidas”.

Trabajar esto (sobre todo en enfoque psicoanalítico) reduce mucho la intrusión.

10. Regla de oro

No se trata de eliminar el pensamiento, sino de cambiar la relación con él.

¿Cuál es el inicio de un consumo en el mundo de las adicciones?El inicio del consumo casi nunca empieza con la intención...
07/12/2025

¿Cuál es el inicio de un consumo en el mundo de las adicciones?

El inicio del consumo casi nunca empieza con la intención de volverse adicto. Empieza con algo pequeño, “inofensivo”, normalizado o emocionalmente cargado, y luego avanza sin que la persona se dé cuenta.

1. Curiosidad y presión social

Muchos consumos inician porque alguien quiere “probar”, pertenecer a un grupo o no quedar mal.
El joven siente que todos lo hacen y piensa que no pasará nada.

2. Dolor emocional sin atender

Heridas de infancia, abandono, soledad, divorcio de los padres, violencia, baja autoestima.
La sustancia se convierte en un analgésico emocional.

3. Evadir la realidad

La persona busca desconectarse de problemas:
– discusiones en casa
– estrés
– ansiedad
– tristeza
– problemas escolares o laborales

El consumo funciona como una “salida rápida”.

4. Normalización en el entorno

Si en casa hay alcoholismo o consumo, el cerebro aprende que es “normal” y reproduce patrones.
Los límites se confunden, y experimentar parece permitido.

5. Sustancias que el mismo entorno ofrece

Fiestas, antros, amigos, familiares, incluso la misma pareja.
A veces la primera vez es accidental; otras, es un regalo, una invitación o una mala decisión del momento.

6. Desinformación total

Nadie les explica qué pasa realmente en el cerebro con cada consumo.
Creen que tienen control.
Creen que pueden parar cuando quieran.
Creen que “solo es recreativo”.

7. Vulnerabilidad genética o emocional

Hay jóvenes más sensibles, impulsivos, con TDA, ansiedad o depresión.
La sustancia les da una sensación temporal de calma o enfoque… y ahí inicia el gancho.

En conclusión

El inicio del consumo es una mezcla de emociones no atendidas, falta de límites, presión social y un entorno que lo normaliza.
Casi siempre empieza con algo pequeño… pero emocionalmente muy grande para el joven.

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03/12/2025

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Hablemos de adelantar etapas a nuestros adolescentes.

Últimamente me entero de más fiestas adolescentes de 12, 13, 14 y 15 años donde no hay supervisión adulta.
Donde circula alcohol.
Donde hay vapeo.
Donde la dinámica es, básicamente, la de una fiesta de adultos… solo que con adolescentes.

Y mira, yo me considero una persona de mente abierta. Puedo cuestionar, explorar y adaptarme a muchas cosas: nuevas ideologías, cambios culturales, redes sociales, formas distintas de ver el mundo.

Pero hay un punto de referencia que no debemos perder de vista: la neurociencia.

Porque más allá de opiniones, estilos de crianza o “así es ahora”, hay algo que sabemos con claridad: el cerebro de un adolescente está en construcción. La parte que regula impulsos, mide riesgos y decide con perspectiva todavía no está lista. No es un tema de voluntad, es biología.

Y aun sabiendo eso, muchas veces los estamos soltando antes de tiempo.
Los dejamos entrar a experiencias para las que no tienen estructura interna. Los mandamos a fiestas como si ya fueran completamente capaces de cuidarse solos.
Y no lo son.

A veces lo hacemos porque “todos van”.
O porque tememos que se sientan excluidos. O porque creemos que, como dominan la tecnología, ya dominan también la vida.

Pero ese es el engaño: saber usar un celular no es sinónimo de tener criterio, autocontrol y juicio maduro.

Un adolescente no es un mini adulto.
Y adelantar etapas no los hace más fuertes ni más maduros; solo los expone a riesgos que todavía no pueden dimensionar.

Aquí es donde sirve hacer una pausa.
Respirar.
Y elegir qué necesitan realmente.

No necesitan permisos sin contención.
Necesitan adultos que sostengan límites que a veces incomodan, pero que les dan seguridad. Necesitan acompañamiento, no libertad absoluta disfrazada de “confianza”.

La tarea no es acelerar su crecimiento.
La tarea es proteger el proceso.

¿Has visto esta presión por adelantar etapas? ¿Cómo lo estás viviendo en tu entorno? Te leo.

MO

Toño es un alumno que en clase interrumpe todo el tiempo. Le cuesta un montón permanecer quieto, su cuerpo está en movim...
02/12/2025

Toño es un alumno que en clase interrumpe todo el tiempo. Le cuesta un montón permanecer quieto, su cuerpo está en movimiento constante y dice cosas que a veces suenan fuera de lugar.

La historia de Toño en las escuelas ha sido difícil: muchas quejas, muchos regaños, demasiados reportes.

Es fácil interpretar estas conductas como desafíos a la autoridad… como falta de voluntad… como un “ya sabe cómo comportarse, pero no quiere”.

Y sí, en algunos casos hay factores conductuales.

Pero quedarte solo con esa hipótesis te deja atrapado en un lugar reactivo, con pocas opciones para acompañar de verdad.

¿Y si eso que vemos fuera algo más?

En muchos estudiantes, estas conductas están relacionadas con un déficit en control inhibitorio. Esa función ejecutiva que frena impulsos, que te ayuda a pensar antes de actuar, que hace posible esperar turno, escuchar, quedarse en una tarea.
Y es una habilidad que se desarrolla con los años; no aparece por voluntad ni por “echarle ganas”. Cuando está inmadura, los niños y jóvenes simplemente no pueden regularse como esperamos.

La buena noticia: se puede fortalecer.
Aquí tres estrategias que ayudan a ejercitarla en casa o en el aula:

1. Juegos de espera con intención

No solo “esperar”. Juegos breves donde hay turnos, señales claras de inicio y parada, o pausas sorpresivas: Simón dice, Estatuas, Stop dance. Ayudan a practicar frenar el cuerpo y sostener la atención.

2. Señales visuales y acuerdos previos

Un gesto, una tarjeta, un color. Algo que le recuerde la pauta sin exponerlo ni regañarlo. El cerebro regula mejor con apoyos externos que con discursos largos.

3. Pausas activas estructuradas

Para algunos chicos, moverse no es mala conducta, es necesidad fisiológica. Pequeñas pausas para estirarse, caminar o respirar bajan el nivel de activación… y permiten que la inhibición aparezca.

Cuando entendemos que la conducta es solo la punta del iceberg, el panorama cambia. Y desde ahí, nuestras decisiones también.

“Cambiar la mirada lo cambia todo.”

¿Tienes un “Toño” en casa o en el aula? ¿Qué conductas te cuesta más entender?

M O

01/12/2025

MAMA CODEPENDIENTE…. CO-ADICTA
Cuando una madre deja de sobreproteger a su hijo adicto, ocurre algo profundo: el dolor se convierte en frontera y el amor en fuerza. Ya no tapa, ya no excusa, ya no rescata. En ese momento, el hijo se queda frente a su propia realidad, sin el colchón que siempre lo salvaba. Puede doler, puede enojar, puede hacer ruido… pero también abre la puerta a su propio despertar.

Cuando una madre deja de sobrecuidar, no deja de amar; al contrario, ama de la forma más valiente: permitiendo que su hijo enfrente las consecuencias, que sienta el peso de sus decisiones y que descubra que la responsabilidad también puede ser un camino hacia la libertad.

Y aunque al principio parezca que todo se rompe, en realidad se acomoda. La madre recupera su paz, su vida y su dignidad. Y el hijo, por primera vez, tiene la oportunidad de tocar fondo, mirar hacia arriba y decidir levantarse por sí mismo.

Porque a veces, el acto más grande de amor… es soltar.

¿Cuándo es el momento de tomar la decisión de internar a un adicto?El momento es cuando quedarse en casa ya no es una op...
01/12/2025

¿Cuándo es el momento de tomar la decisión de internar a un adicto?

El momento es cuando quedarse en casa ya no es una opción segura, ni para él ni para la familia.
El momento llega mucho antes de una tragedia.

Es momento de internarlo cuando:

La adicción ya controla su vida y no puede dejar de consumir por sí solo.

Promete cambiar, pero recaen una y otra vez.

La familia vive con miedo, tensión o violencia emocional o física.

Deja de trabajar, estudiar, cumplir, y la vida se le está desmoronando.

La casa se convierte en su zona de consumo.

Miente, manipula o roba para sostener la adicción.

El consumo ya afectó su salud física o mental: paranoia, crisis, ausencias, agresividad, pérdida de peso, insomnio.

Cuando queda claro que hablar, llorar, pedir, rogar o negociar ya no funciona.

Cuando él mismo, aun sin decirlo, se le ve perdido, cansado, quebrado.

Pero sobre todo:

Es momento cuando la familia entiende que posponer la decisión también es una decisión… y casi siempre es una mala.

Porque la adicción no espera.
No se detiene.
No mejora sola.
No “se calma con el tiempo”.

El momento correcto es antes de que pase lo que después no se puede corregir.

Internar no es castigar.
No es abandono.
No es rendirse.

Internar es amar con límites, es decir:
“Prefiero que estés enojado conmigo por un tiempo… a que te pierda para siempre”.

30/11/2025

💔 Hay abrazos que sostienen… y otros que solo prolongan lo inevitable. Esta viñeta muestra lo que muchas veces callamos: cuando el corazón quiere irse, pero la culpa o el miedo nos mantienen cerca. ¿Qué opinas?
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Ilustración:

30/11/2025

Anhedonia: cuando la vida deja de sentirse “vida”

La anhedonia es la disminución o pérdida de la capacidad para experimentar placer. No se trata de “flojera” ni de “desinterés”, sino de un síntoma clínico que aparece con frecuencia en trastornos como la depresión, ansiedad crónica, agotamiento emocional y algunos trastornos del neurodesarrollo.

¿Cómo se manifiesta?
✓Las actividades que antes motivaban ahora se sienten vacías.
✓Se reduce la conexión emocional con otras personas.
✓Aparece una sensación de desconexión interna, como si nada generara impacto.
✓Puede acompañarse de fatiga, dificultad para concentrarse o irritabilidad.

¿Qué la causa?
Diversos estudios muestran que la anhedonia está relacionada con cambios en el sistema dopaminérgico y circuitos cerebrales del recompensa–motivación, además de factores psicológicos como el estrés crónico, el trauma no procesado y la sobrecarga emocional.

¿Por qué es importante tratarla?
Vivir con anhedonia afecta la identidad, las relaciones, la productividad y la energía vital. Además, suele ser una señal de que algo interno necesita atención profesional. En terapia se trabaja desde varios frentes: regulación emocional, activación conductual, identificación de patrones cognitivos y fortalecimiento del sistema de recompensas naturales del cerebro.

Estrategias de autocuidado basadas en evidencia:

✓Activación conductual progresiva (microtareas y rutinas estructuradas).
✓Ejercicio físico moderado (mejora la liberación de dopamina).
✓Higiene del sueño y reducción de estímulos crónicos.
✓Espacios de conexión social segura.
✓Entrenamiento atencional y mindfulness.

Tratamiento:
La intervención suele incluir terapia cognitivo-conductual, terapia basada en emociones, psicoeducación y, cuando es necesario, abordaje psiquiátrico para regular funciones neuroquímicas asociadas.

Para finalizar:
La anhedonia no es falta de voluntad. Es un síntoma, no tu identidad. Con acompañamiento adecuado y estrategias sostenidas, el cerebro puede recuperar su capacidad de sentir, conectar y disfrutar. Buscar ayuda no solo es válido: es el primer paso para volver a experimentar la vida con presencia y significado.

Darle la importancia y el espacio que merece el trabajar en tu bienestar es la mejor inversión que puedes hacer para tí y tú futuro.🧠

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