28/12/2025
La reciente publicación del IMSS sobre facilitadores de la salud —integrados por enfermeros y médicos— abre una conversación necesaria cuando se menciona que dentro de sus funciones estará la evaluación de la salud mental.
Como psicóloga, es importante marcar límites claros entre disciplinas, no desde la descalificación, sino desde la ética y la responsabilidad profesional.
La salud mental no se reduce a detectar síntomas ni a prescribir medicación.
Evaluar salud mental implica formación especializada en psicología, comprensión del contexto, historia de vida, factores sociales, culturales y emocionales.
Surgen preguntas legítimas:
• ¿Las personas que realizarán estas evaluaciones cuentan con formación académica en psicología?
• Si una persona presenta ansiedad o depresión, ¿la intervención se limitará al abordaje farmacológico?
• ¿Se tomará en cuenta su contexto social, económico, familiar y emocional?
• ¿Existirá una canalización real y oportuna a psicología clínica?
El riesgo de este enfoque es medicalizar el sufrimiento humano, sin escuchar lo que ese malestar comunica.
Y eso no solo es clínicamente insuficiente, también es injusto.
Si realmente queremos fortalecer la atención en salud mental:
• necesitamos más plazas para psicólogos,
• equipos interdisciplinarios donde cada profesión actúe dentro de su competencia,
• y políticas públicas que reconozcan que la salud mental no es un anexo, sino un eje central del bienestar.
Hablar de salud mental no es solo hablar de síntomas.
Es hablar de personas, contextos y derechos.
✍️ Psic. Yareli Castillo