02/01/2026
Anoche recibí un mensaje que decía más o menos así:
“Doc, la cena de Navidad se salió de control. Quise disfrutar, pero terminé agotada, ansiosa y con culpa. No supe poner límites.”
No era la comida.
No era la familia.
Era lo de siempre… el lugar que ella ocupa en esa mesa.
Llegó con la ilusión de convivir, pero sin darse cuenta volvió a ponerse el mismo traje de siempre:
la que complace, la que escucha, la que evita conflictos, la que se queda callada para que “todo esté bien”.
Risas por fuera.
Tensión por dentro.
En consulta lo vimos claro:
no fue la Navidad la que desbordó, fue la ausencia de límites acumulados durante años.
Hablamos de algo fundamental:
poner límites no es alejarte, es dejar de abandonarte.
No es ser dura, es ser honesta.
No es romper la paz, es dejar de pagarla con tu salud emocional.
Trabajamos algo muy concreto:
✨ identificar cuándo el cuerpo empieza a tensarse
✨ aprender a decir “hasta aquí” sin explicarse de más
✨ entender que no todo merece respuesta
✨ y aceptar que no siempre gustarás cuando empiezas a respetarte
Le dije algo que hoy quiero compartirte:
👉 El estrés no viene de lo que otros hacen, sino de lo que tú permites en silencio.
La buena noticia es esta:
los límites se entrenan.
La calma se construye.
Y la próxima mesa familiar puede ser distinta… si tú también decides sentarte distinto en tu vida.
Si esta historia te resonó, no es casualidad.
A veces no necesitamos otra Navidad diferente,
sino una versión de nosotros que ya no se traicione para encajar.