28/02/2026
Me gusta analizar este tipo de historias desde una mirada psicológica.
Estamos hablando de alguien que no fue un hijo planeado y que desde muy pequeño vivió rechazo, abuso y abandono. Un niño que no pidió venir al mundo, pero que creció en un ambiente lleno de dolor, en todas sus formas.
Cuando un niño vive experiencias tan fuertes, su mente aprende a protegerse. Desarrolla mecanismos de defensa para poder sobrevivir. Se endurece, se desconecta emocionalmente o comienza a ver la violencia como algo “normal”, porque fue lo único que conoció.
Eso no justifica lo que hizo años después. Nada justifica que alguien secu3str3, lastime o dañe a otros. Cada persona es responsable de sus actos. Pero tampoco podemos ignorar que su historia comenzó con fallas graves de los adultos que debían cuidarlo y protegerlo.
Entender su historia nos ayuda a comprender que muchas veces, detrás de un adulto que hace daño, hubo un niño que fue lastimado primero.
Él mismo menciona que buscaba validación, atención y reconocimiento, aunque fuera a través de conductas negativas, porque era la única manera en la que sentía que lo veían. A veces el dinero o el poder no llenan el vacío que deja una infancia sin amor.
Entender no es justificar.
Es reflexionar sobre la importancia de la presencia, el cariño y la estabilidad en la vida de un niño.
La infancia sí importa. Y mucho.