10/08/2022
Anoche la cargue y me di cuenta de que sus piernas están mucho más largas que hace un par de meses. Me di cuenta de que en mi espalda pesaba más y que debía hacer más esfuerzo por sostener ese peso. Pero también me percaté de que el sentimiento de protección, unión, seguridad está intacto, más allá de la edad cronológica, más allá del peso. Esta niña crece tan rápido que no me da tiempo de despedirme de la bebé que ya no es.
Deseo con el corazón que mi hija siempre pueda encontrar en mis brazos la paz, la calma, la seguridad, hasta cuando sea más alta que yo, hasta cuando mis manos estén muy arrugadas, aunque deba abrazarla sentada o incluso acostada. Deseo ser siempre su lugar seguro.
Lo que ella no sabe es que cuando la cargo ella también me nutre a mi, me recarga a mi, me acompaña a mi. Que bello es poder ser y estar. Hay algo tan mágico en sentir la piel de tus hijos, como si fuera la extensión de la propia.
Mucho se habla de la angustia por separación del bebé pero ¿y la mamá? A nosotras también nos lleva tiempo poder soltar a esta cría, dejarla volar libre... Y claro que angustia, da miedo y toma tiempo. Mientras crecen más confianza ganan en ellos mismos y cada vez es más fácil soltarles la mano, siendo conscientes de que si mientras exploran el mundo de repente el malestar los acongoje y giran su cabecita buscando los brazos de mamá o de papá, allí estaremos. Confía y aprovecha el día que la infancia dura un suspiro y no hay segundas oportunidades.
~ Ana Acosta Rodríguez, fragmento del libro “La metamorfosis de una Madre” 💜🙏🏽
📸: .photography