10/02/2026
¿Por qué puede arder la lengua después de un ataque de pánico?
Después de una crisis de ansiedad o un ataque de pánico, algunas personas presentan síntomas físicos que no siempre son fáciles de entender. Uno de ellos, aunque poco conocido, es la sensación de ardor, quemazón u hormigueo en la lengua o en otras zonas de la boca, incluso cuando al revisarla no se observa ninguna lesión, herida o inflamación visible.
Este fenómeno puede estar relacionado con lo que médicamente se conoce como síndrome de boca ardiente o glosodinia. En muchos casos, no existe una causa estructural clara; más bien se asocia a una alteración temporal en la forma en que el sistema nervioso procesa las señales del dolor y la sensibilidad. Después de un episodio de ansiedad intensa, el cuerpo puede quedar en un estado de “hipervigilancia”, donde los nervios se vuelven más sensibles y cualquier estímulo se percibe con mayor intensidad.
Algo que suele llamar la atención es que esta sensación puede variar durante el día. Algunas personas refieren que aparece en momentos de estrés, preocupación o cansancio mental, y que disminuye cuando se relajan, comen, se distraen o incluso por la noche antes de dormir. Este patrón es bastante típico en cuadros relacionados con ansiedad.
Sin embargo, es muy importante aclarar que no todo ardor en la lengua es psicológico. Antes de atribuirlo únicamente al estrés, siempre se recomienda descartar otras causas médicas como deficiencia de vitamina B12, niveles bajos de hierro, boca seca, infecciones por hongos (candidiasis), reflujo gástrico, alteraciones tiroideas, diabetes o efectos secundarios de algunos medicamentos.
La buena noticia es que, en la mayoría de los casos, este tipo de molestia no representa una enfermedad grave y puede mejorar al tratar el origen del problema, especialmente cuando se trabaja el control de la ansiedad, el descanso adecuado y la regulación del sistema nervioso.
Si alguna vez has sentido ardor en la lengua sin una causa aparente, no estás exagerando ni “imaginándolo”. Es un síntoma real, descrito en la literatura médica, y tiene explicación. Lo más recomendable siempre será una valoración profesional para identificar la causa y e