La Doctora Corazón

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✍️Una neurocientífica noruega pasó 20 años demostrando que el acto de escribir a mano cambia el cerebro humano de manera...
20/05/2026

✍️Una neurocientífica noruega pasó 20 años demostrando que el acto de escribir a mano cambia el cerebro humano de maneras que teclear físicamente no puede, y casi nadie fuera de su campo ha leído el artículo.

Su nombre es Audrey van der Meer.

Ella dirige un laboratorio de investigación cerebral en Trondheim, y el artículo que cerró el debate se publicó en 2024 en una revista llamada Frontiers in Psychology. El hallazgo es lo suficientemente brutal como para haber cambiado todas las aulas de la Tierra.

El experimento fue simple. Reclutó a 36 estudiantes universitarios y puso a cada uno una gorra con 256 sensores presionados contra su cuero cabelludo para registrar la actividad cerebral. Las palabras aparecían en una pantalla una a la vez.

A veces los estudiantes escribían la palabra a mano en una pantalla táctil usando un bolígrafo digital, y a veces tecleaban la misma palabra en un teclado. Cada respuesta neural se registró durante los cinco segundos completos que la palabra permanecía en pantalla.

Luego su equipo miró la parte de los datos que la mayoría de los investigadores habían ignorado durante años, que es cómo diferentes partes del cerebro se comunicaban entre sí durante la tarea.

Cuando los estudiantes escribían a mano, el cerebro se iluminaba por todas partes al mismo tiempo.

Las regiones responsables de la memoria, la integración sensorial y la codificación de nueva información disparaban todas juntas en un patrón coordinado que se extendía por toda la corteza. Toda la red estaba despierta y conectada.

Cuando los mismos estudiantes tecleaban la misma palabra, ese patrón colapsaba casi por completo.

La mayor parte del cerebro se quedaba en silencio, y las conexiones entre regiones que habían estado vivas segundos antes no se encontraban por ninguna parte en el EEG.

La misma palabra, el mismo cerebro, la misma persona, y dos eventos neurológicos completamente diferentes.

La razón resultó ser algo a lo que nadie había prestado realmente atención antes de su trabajo. Escribir a mano no es un solo movimiento, sino una secuencia de miles de micro-movimientos diminutos coordinados con tus ojos en tiempo real, donde cada letra es una forma diferente que requiere que el cerebro resuelva un problema espacial ligeramente diferente.

Tus dedos, muñeca, visión y las partes de tu cerebro que rastrean la posición en el espacio trabajan todas juntas para producir una letra, luego la siguiente, luego la siguiente.

Teclear tira todo eso por la borda. Cada tecla en un teclado requiere exactamente el mismo movimiento del dedo independientemente de qué letra estés presionando, lo que significa que el cerebro tiene casi nada que integrar y casi ningún problema que resolver.

Van der Meer lo dijo claramente en sus entrevistas.

Presionar la misma tecla con el mismo dedo una y otra vez no estimula el cerebro de ninguna manera significativa, y señaló algo que debería asustar a todos los padres que le dieron una iPad a su hijo.

Los niños que aprenden a leer y escribir en tabletas a menudo no pueden distinguir letras como b y d, porque nunca han sentido físicamente con sus cuerpos lo que se necesita para producir realmente esas letras en una página.

Una década antes que ella, dos investigadores en Princeton libraron la misma batalla usando un método completamente diferente y llegaron a la misma respuesta. Pam Mueller y Daniel Oppenheimer probaron a 327 estudiantes en tres experimentos, donde la mitad tomó notas en laptops con internet desactivado y la mitad tomó notas a mano, antes de probar a todos en lo que realmente entendían de las conferencias que habían visto.

El grupo de escritura a mano ganó por un amplio margen en cada pregunta que requería un entendimiento real en lugar de un recuerdo superficial.

La razón se escondía en las transcripciones de lo que los dos grupos habían escrito realmente.

Los estudiantes de laptop tecleaban casi palabra por palabra, capturando más contenido total pero procesando casi nada de él mientras avanzaban, mientras que los estudiantes de escritura a mano físicamente no podían escribir lo suficientemente rápido como para transcribir una conferencia en tiempo real, lo que los obligaba a escuchar con atención, decidir qué importaba realmente y ponerlo en sus propias palabras en la página.

Ese solo acto de elegir qué conservar era el aprendizaje en sí, y el teclado había omitido silenciosamente la elección y el aprendizaje junto con ella.

Dos estudios. Dos países. La misma respuesta.

La escritura a mano hace que el cerebro trabaje. Teclear le permite ir a la deriva.

Cada nota que alguna vez has tecleado en lugar de escrito entró en tu cerebro a través de un conducto más delgado. Cada reunión, cada resaltado de libro, cada idea que capturaste en tu teléfono en lugar de en papel se procesó a media profundidad.

No olvidaste esas cosas porque tu memoria es mala. Las olvidaste porque teclear nunca despertó la parte del cerebro que las habría hecho perdurar.

La solución es la cosa que tu abuela ya sabía.

Toma un bolígrafo. Escribe la cosa. El camino más lento es el más rápido.
Del muro de Miguel Szabó

"LA RESILIENCIA PARA SUPERAR LA ADVERSIDAD"La resiliencia es la capacidad humana para adaptarse, sobreponerse y salir fo...
20/05/2026

"LA RESILIENCIA PARA SUPERAR LA ADVERSIDAD"
La resiliencia es la capacidad humana para adaptarse, sobreponerse y salir fortalecido ante situaciones adversas, traumáticas o dolorosas, sin que implique un cambio negativo o permanente. Se trata de una forma de enfrentar las mismas orientadas para lograr la adaptación y el bienestar. Lejos de ser una condición innata, es un proceso dinámico que integra factores psicológicos, sociales y culturales, permitiendo gestionar el estrés y alcanzar un nuevo equilibrio. Se trata de una capacidad de resistir y recuperarse frente a la adversidad. Aprender a gestionar estos procesos, sostenerse en medio de la incertidumbre y encontrar formas saludables de adecuarse, se ha convertido en uno de los grandes desafíos de nuestra sociedad. Se identifica cuatro tipos de acuerdo a los estadios, orígenes o implicaciones que tiene. La “física” se refiere a cómo el cuerpo enfrenta los cambios y se recupera ante las demandas corporales, la “social” implica la capacidad de recuperarse frente a situaciones colectivas como ocurre durante los conflictos comunitarios, la “mental” abarca la capacidad de una persona para adaptarse a dichos cambios como la incertidumbre y la “emocional” se refiere a la capacidad de una persona para gestionar y regular sus emociones ante las dificultades que atraviesa. En conclusión, la resiliencia es la aptitud que tienen las personas para adaptarse y superar las adversidades, los cambios y los desafíos, enfrentándolos y manejándolos de manera constructiva para salir fortalecidos de las diversas circunstancias que van surgiendo.

Mario Alberto Vestfrid. Presidente de FUNDANYCC y autor del libro “Dialogando con la mente – Una visión desde la neurociencia”.

El Humo entre los Espejos🫯⚡️💫✨🌟🪐🌎Hace cuatro mil quinientos años, según la tradición tolteca que Miguel Ruiz recogió en ...
20/05/2026

El Humo entre los Espejos

🫯⚡️💫✨🌟🪐🌎

Hace cuatro mil quinientos años, según la tradición tolteca que Miguel Ruiz recogió en Los Cuatro Acuerdos, un chamán en formación tuvo una noche de luna llena una experiencia que cambió su comprensión de lo que somos. Salió de la cueva donde dormía, miró las estrellas, se miró las manos y dijo algo que ningún sistema de creencias posterior ha mejorado: "Todo está hecho de luz, y el espacio de en medio no está vacío."

Lo llamaron después Espejo Humeante. No porque hubiera alcanzado la iluminación en el sentido de haberlo resuelto todo. Sino porque había visto algo que no podía dejar de ver: que cada persona es un espejo para las demás, y que lo que nos impide reconocernos en el otro es el humo — la capa de interpretaciones, juicios, historias y heridas que se interpone entre lo que realmente somos y lo que el otro puede percibir de nosotros.

"El humo es el Sueño", dijo. Y el Sueño somos nosotros cuando no sabemos que estamos soñando.

El humo que construimos

La clínica sistémica y la neurobiología del apego describen ese humo con precisión técnica: son los mapas que el sistema nervioso construyó durante la historia de aprendizaje del organismo. Los mapas de si el campo es seguro o peligroso, de si el otro está disponible o va a faltar, de si lo que uno es merece ser visto o debe ocultarse para ser aceptado.

Esos mapas no son mentiras. Fueron la respuesta más inteligente posible del organismo ante el campo que tuvo disponible. El niño que aprendió que mostrar necesidad producía rechazo construyó el mapa correcto para ese campo. El problema es que ese mapa sigue operando décadas después, en campos que ya no requieren esa protección, interpretando señales neutras o incluso amables como señales de peligro.

Hellinger lo describió en términos sistémicos: el campo de origen forma la lente a través de la cual se ve todo campo posterior. Y lo que el campo de origen no pudo dar — la mirada que aceptaba, la presencia que no fallaba, el amor que no ponía condiciones — el sistema lo sigue buscando en cada campo nuevo, o lo sigue protegiendo de cada campo nuevo porque aprendió que pedir eso era peligroso.

El humo entre los espejos no es fabricación individual. Es la acumulación de lo que el campo de origen instaló y de lo que el campo familiar de generaciones anteriores transmitió sin que nadie lo eligiera conscientemente.

"Se veía en todos, pero nadie se veía a sí mismo en él"

Esta es la línea del texto tolteca que más resuena en la clínica. Espejo Humeante podía ver la luz en cada persona que encontraba. Pero esas personas no podían verse a sí mismas en él porque el humo — su propio humo — bloqueaba el reconocimiento.

El reconocimiento del que habla esta historia es exactamente lo que el trabajo terapéutico busca producir: el momento en que el sistema puede verse a sí mismo con suficiente claridad para distinguir entre lo que realmente es y lo que el humo construyó sobre ello.

No el Sueño de que soy defectuoso. No el Sueño de que soy invulnerable. No el Sueño de que el otro siempre va a faltar o de que el amor siempre va a costar demasiado.

El espejo sin humo no produce una imagen perfecta. Produce una imagen más real. Y la imagen más real es siempre menos terrible que el Sueño que el sistema nervioso construyó para protegerse de lo que temía ver.

La luz que percibe luz

Espejo Humeante llegó a una conclusión que la neurociencia contemporánea reformularía así: la percepción es siempre co-creación. No hay un observador neutral que registra una realidad objetiva. Hay un organismo específico, con su historia específica, cuyo sistema nervioso construye activamente la versión del mundo que puede procesar desde donde está.

"La percepción humana es solo luz que percibe luz."

En el lenguaje de Maturana: el organismo y el entorno se co-determinan. Lo que el sistema puede percibir depende de su estructura. Y esa estructura puede cambiar — no por voluntad sino por experiencia, por el contacto sostenido con un campo que ofrece algo diferente de lo que el sistema aprendió a esperar.

Cuando ese cambio ocurre — cuando el humo se aclara lo suficiente para que el sistema pueda ver algo que antes no podía ver — no produce euforia ni revelación dramática. Produce algo más parecido a lo que Espejo Humeante describió después de su experiencia: el corazón que rebosa paz. La mirada que ya no necesita juzgar porque puede ver.

Lo que el chamán no pudo decir

Hay algo en esta historia que merece ser nombrado: Espejo Humeante no pudo transmitir lo que había visto. No porque fuera inefable en el sentido místico — sino porque la comprensión que él había alcanzado no podía entrar en un sistema nervioso que todavía operaba desde el humo. Sus palabras llegaban, pero no podían aterrizar en ningún suelo interno que las pudiera recibir.

Eso describe exactamente el límite del trabajo puramente cognitivo con el trauma y con el sufrimiento. El consultante que escucha, que comprende, que puede repetir el argumento con precisión — y cuyo sistema nervioso sigue operando desde el mismo estado que operaba antes — no ha cruzado todavía la distancia entre saber y ser.

Lo que permite cruzar esa distancia no es más información. Es la experiencia de un campo que puede recibir lo que hay debajo del humo. Un campo donde lo que el sistema esconde no produce las consecuencias que aprendió a temer. Un campo donde el espejo puede verse a sí mismo, aunque sea por un momento, sin la capa de interpretaciones que el Sueño construyó.

Eso es, en el lenguaje de este método, el Foco 2: el apadrinamiento que crea el campo donde lo que hay debajo del humo puede ser visto sin destruir al que lo ve.

El humo no desaparece de golpe. Se va aclarando, un encuentro genuino a la vez.

Humberto Del Pozo López
Psicoanalista Relacional · Constelador Sistémico

EL ESPEJO ROTO DE LA TERAPIA✍️Existe una creencia generalizada de que quien se sienta en la silla del terapeuta lo hace ...
20/05/2026

EL ESPEJO ROTO DE LA TERAPIA✍️



Existe una creencia generalizada de que quien se sienta en la silla del terapeuta lo hace desde una posición de absoluta neutralidad y salud mental. Sin embargo, en el mundo clínico habita una verdad incómoda que rara vez se dice abiertamente, estudiar la mente no vuelve automáticamente lúcido a nadie; a veces, solo vuelve más sofisticadas las máscaras del ego.

La historia de la psicología profunda y la investigación contemporánea revelan que un alto porcentaje de profesionales eligen esta carrera no porque carezcan de heridas, sino precisamente porque el peso de sus propios traumas, apegos o conflictos relacionales los empujó a buscar respuestas. Estudios clínicos sobre la motivación profesional (como las investigaciones de Elliott, Guy y Straussner) demuestran que las tasas de traumas tempranos y dinámicas familiares disfuncionales son significativamente más altas en los psicólogos que en la población general. Estudian lo que padecen. Esto no vuelve automáticamente malo a un terapeuta; de hecho, los grandes analistas de la historia estudiaron obsesivamente aquello que los atravesaba internamente. El peligro real comienza cuando el terapeuta carece de suficiente conciencia sobre sí mismo y termina utilizando al paciente como un lienzo para proyectar sus conflictos no resueltos.

Carl Jung llamó a esta dualidad el arquetipo del "Sanador Herido". El dolor propio puede ser el puente hacia una empatía genuina, pero si esa herida no está rigurosamente procesada, se activa lo que en psicoterapia se conoce como contratransferencia ciega (las reacciones emocionales, inconscientes y subjetivas que el terapeuta desarrolla frente al paciente). Investigaciones analíticas confirman que los terapeutas sin suficiente supervisión clínica tienden a "leer" e interpretar la vida del consultante según los temas y patrones que existen en su propia estructura psicológica.

Es ahí donde descubrimos que no basta con los títulos, el lenguaje técnico o los años de estudio:

•Alguien puede saber muchísimo sobre trauma, y seguir siendo profundamente reactivo.

•Puede dar cátedra sobre el apego, mientras crea una dependencia emocional neurótica con sus pacientes.

•Puede teorizar sobre el narcisismo, mientras utiliza la consulta para alimentar su necesidad de superioridad intelectual.

•Puede hablar de sanación, mientras intenta salvarse a sí mismo a través de otros.

Cuando esto ocurre, la terapia deja de ser un proceso de liberación para transformarse en una sutil colonización del ego del analista sobre la psique del paciente. Si el terapeuta le teme al abandono, boicoteará la independencia del consultante; si arrastra un resentimiento no resuelto hacia la autoridad, incitará a la rebeldía sin justificación clínica.

Para quien acude a consulta, aprender a observar al observador es un acto de supervivencia emocional. Hay que ser consciente del enorme poder psicológico que el terapeuta ejerce sobre alguien vulnerable; cuando una persona llega confundida o herida, puede terminar adoptando interpretaciones ajenas como verdades absolutas, perdiendo progresivamente su propia intuición. Por ello, el paciente debe aprender a detectar las señales de un terapeuta que ha perdido la objetividad y aconseja desde su carencia:

- La directividad obsesiva y dogmática:

El profesional no te acompaña a descubrir tu propia respuesta; te dice exactamente qué hacer basado en su filosofía personal o en "lo que a él le funcionó", interpretando todo desde su propio marco mental e invalidando lo que no encaja en su visión.

- Reacciones emocionales desproporcionadas:

Si al relatar un conflicto notas en el terapeuta una indignación, enojo o tristeza que parece desbordar la tuya, tu historia ha tocado una fibra no resuelta de su pasado. El espacio se ha inundado de su propia emoción.

- La autorreferencia y fijación obsesiva:

El desvío constante de la conversación hacia sus vivencias personales o hacia temas que le obsesionan a él. Insiste en diagnósticos apresurados y habla más desde su necesidad de tener razón que desde la escucha real, haciéndote sentir "equivocado" si cuestionas su postura.

Como bien advertía Jacques Lacan, el mayor error de quien acompaña es creer que sabe qué es lo bueno para el otro. La buena terapia no impone identidades, no obliga al paciente a convertirse en una copia emocional del terapeuta, no fuerza narrativas ni convierte cada discrepancia en una "resistencia".

Los mejores terapeutas no son los que aparentan perfección, sino los que conocen profundamente su Sombra y saben con honestidad cuándo una emoción les pertenece a ellos y cuándo al paciente. El propósito sagrado del análisis es la autonomía y el despertar del consultante. Por eso, además de buscar conocimiento teórico, el paciente debe aprender a percibir presencia, humildad y honestidad emocional. Porque hay terapeutas que ayudan a descubrirse... y otros que, sin darse cuenta, intentan rehacer al paciente a imagen de sus propias heridas.

Aléjate… sí, aléjate.Pero no en auto, ni en tren, mucho menos caminando.Aléjate con el alma, con el pensamiento, con esa...
17/05/2026

Aléjate… sí, aléjate.
Pero no en auto, ni en tren, mucho menos caminando.
Aléjate con el alma, con el pensamiento, con esa parte de ti que ya aprendió a reconocer lo que roba la paz y desgasta el corazón.

Aléjate de todo aquello que ya no te suma calma, de lo que te inquieta, de lo que te obliga a fingir una sonrisa mientras por dentro se te apaga la luz.

Dicen que cuando una mujer llega a cierta edad se vuelve “especial”.
Que ya no tolera ciertas actitudes, que se vuelve complicada, distante o demasiado exigente.
Pero no… no es que una se vuelva especial.
Es que una se vuelve selectiva.
Más analítica.
Más consciente.

A cierta altura de la vida ya sabes distinguir cuándo algo es genuino y cuándo solo es apariencia.
Aprendes a reconocer a quienes únicamente imitan conductas ajenas, a quienes repiten palabras bonitas que encontraron en alguna frase de internet y ahora quieren usar para impresionar, aunque sus actos estén vacíos.

Con los años desarrollas ese instinto que ya no se deja engañar tan fácilmente.
Y entonces entiendes que no vale la pena mendigar sinceridad, ni quedarte donde todo se siente forzado, tibio o artificial.

Por eso… aléjate.
Y quédate viuda de esas imitaciones de sentimientos.
Viuda de las promesas huecas, de las presencias a medias, de los afectos disfrazados.

Aléjate emocionalmente.
Sin escándalo.
Sin explicaciones innecesarias.
Sin pelear.

Deja de fingir que disfrutas lugares, conversaciones o compañías que ya no abrazan tu alma.
Deja de sonreír por compromiso cuando el corazón ya no se siente cómodo ahí.

No digas nada…
A veces el silencio también es una despedida elegante.

Solo aléjate.
Porque la paz, cuando por fin se aprende a cuidar, ya no se negocia con nadie.
☕️🪻🍂🫟©️Milka MagTorre

🍃La anhedonia, esa presencia tan conocida en la depresión, es una vivencia muy incomoda para quien la sufre. A veces se ...
16/05/2026

🍃La anhedonia, esa presencia tan conocida en la depresión, es una vivencia muy incomoda para quien la sufre. A veces se parece más a mirar la vida desde detrás de un cristal. Las cosas que antes te gustaban dejan de emocionarte, las canciones suenan “planas”, las conversaciones cansan y hasta los pequeños placeres parecen apagados. Es como vivir en un encefalograma plano.

🍃Y entonces empiezas a preguntarte qué te pasa, por qué ya no disfrutas “como antes”. Pero no eres una persona rota... Tu cerebro y tu sistema emocional pueden haberse quedado atrapados en un estado de agotamiento, estrés o desconexión donde incluso el placer cuesta.

🍃Por eso, sanar la anhedonia no suele consistir en esperar a que vuelvan las ganas de vivir de repente. Muchas veces implica volver poco a poco a las experiencias, aunque al principio no sientas gran cosa.

🍃Saborear un café, escuchar una canción con atención, salir a caminar, acariciar a tu perro, a tu gato, o escribir tres cosas pequeñas que sí te hicieron sentir algo durante el día.

🍃Son gestos aparentemente mínimos, pero ayudan a entrenar a tu cerebro para reconectar otra vez con la vida. Porque el placer no siempre reaparece como una explosión; a veces vuelve en forma de pequeñas chispas silenciosas.

Podrás conseguirlo 🫂🤍

Ella estaba por cumplir más de sesenta años y, entre sorbo y sorbo de café, me dijo casi en voz bajita:—Me da vergüenza ...
16/05/2026

Ella estaba por cumplir más de sesenta años y, entre sorbo y sorbo de café, me dijo casi en voz bajita:

—Me da vergüenza envejecer…

No lo dijo riéndose.
Lo dijo con esa tristeza que muchas mujeres esconden detrás del maquillaje, del cabello arreglado y de la sonrisa social.

Porque hay un momento en la vida en que una mujer deja de pelear contra el calendario…
y empieza a pelear contra el espejo.

Entonces le dije:

“Cuando llegues a tu casa avienta  la ropa.
Toda.
Y párate frente al espejo así… en la forma que llegaste al mundo
Me miró sorprendida.
Pero continué:
“No te acomodes.
No metas la panza.
No levantes el pecho.
No busques el mejor perfil.
No te pongas bonita para verte.
Sólo mírate.”
Porque qué difícil es para una mujer verse de verdad.
Verse el pecho caído.
La piel floja.
Las estrías.
Las cicatrices.
Las rodillas envejecidas.
La cintura que ya cambió.
Los brazos blanditos.
La celulitis.
Las manchas.
Las venas.
La tristeza que a veces también se refleja en el cuerpo.
Y aún más difícil…
aceptar que todo eso también eres tú.
Vivimos en un mundo que nos enseñó a esconder el paso del tiempo.
A disimularlo.
A pedir perdón por él.
Como si envejecer fuera un fracaso.
Y no.
Fracaso sería llegar al final de la vida odiando el cuerpo que te sostuvo todos estos años.

Porque ese cuerpo que hoy criticas…
ha sobrevivido.

Tal vez dio vida.
Tal vez perdió hijos.
Tal vez cargó enfermedades.
Tal vez pasó noches enteras llorando.
Tal vez fue tocado con amor…
o lastimado con crueldad.
Y hay mujeres a las que la vida les arrebató partes del cuerpo.
Un seno.
El cabello.
La firmeza.
La movilidad.
La salud.
La vida no sólo arruga…
a veces también mutila.
Y aun así…
siguen aquí.
Por eso le dije:
“Párate frente al espejo y agradécelo.”
Agradece el cuerpo completo…
y si ya no está completo, agradece lo que quedó.
Porque incluso las ausencias cuentan historias.
Mira cada marca.
Cada caída.
Cada línea.
Las estrías hablan.
La flacidez habla.
Las cicatrices hablan.
El cuerpo entero habla.
Dice:
“Viví.”
“Resistí.”
“Sobreviví.”
Y quizá ya no eres aquella muchacha de piel firme y cintura pequeña.
Quizá el tiempo dejó huellas profundas.
Quizá hay partes de ti que duelen cuando las miras.
Pero no te observes con desprecio.
Obsérvate con ternura.
Porque nadie sale intacto de la vida.
Nadie.
Todos terminamos siendo una mezcla de recuerdos, heridas, alegrías y pérdidas reflejadas en la piel.
Y hay algo profundamente valiente en una mujer que puede mirarse desnuda frente al espejo…
sin poses…
sin filtros…
sin aprobación de nadie…
y aun así decir:
“Éste es mi cuerpo.
Ésta soy yo.
Y merezco quererme así.”
Porque el verdadero amor propio no aparece cuando todo es perfecto.
Aparece cuando eres capaz de abrazar incluso aquello que el tiempo cambió para siempre.
🍂🪻☕️🫟©️Milka MagTorre

16/05/2026
“El éxito tiene rostro de madre.”Bert Hellinger relacionaba mucho la figura de la madre con la capacidad de recibir: rec...
15/05/2026

“El éxito tiene rostro de madre.”

Bert Hellinger relacionaba mucho la figura de la madre con la capacidad de recibir: recibir amor, apoyo, bienestar… e incluso abundancia. La abundancia no era solo dinero; era sentir flujo, energía, pertenencia y capacidad de prosperar.
Hablaba de “tomar a la madre” como un proceso interno profundo de aceptación. Para él, la madre representa el primer vínculo con la vida, y tomarla significa decir internamente: “Sí a ti tal como eres, y sí a la vida que vino a través de ti.”

En su visión, “tomar a la madre” no implicaba idealizarla ni negar heridas o errores. Más bien, consistía en reconocerla como la fuente de la vida y dejar de luchar internamente contra ella. Según Hellinger, cuando una persona rechaza a su madre —por dolor, enojo o juicio— muchas veces también se desconecta parcialmente de sí misma, de su fuerza vital o de la capacidad de recibir amor.

Algunas ideas que repetía mucho eran:
“La madre es la puerta hacia la vida.”
“Tomar a la madre es tomar la vida.”
Que reconciliarse internamente con la madre podía dar más sensación de arraigo, fuerza y paz.
También decía que este proceso podía ser especialmente difícil cuando hubo abandono, enfermedad mental, violencia o sufrimiento en la relación. En esos casos, “tomar” no significaba justificar lo ocurrido ni tolerar daño, sino reconocer la realidad y encontrar una forma de no quedar atrapado únicamente en el resentimiento o el dolor.
Utilizaba frases como:
“Mamá, tomo todo lo que viene de ti.” o “Gracias por la vida.”

15/05/2026

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