03/01/2026
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CÓMO LA DESHIDRATACIÓN PUEDE ALTERAR EL RITMO CARDÍACO, AUN CUANDO NO SIENTAS SED NI LO RELACIONES CON EL CORAZÓN
La mayoría de las personas asocia la deshidratación con cansancio, boca seca o dolor de cabeza, pero muy pocos la relacionan con alteraciones en el ritmo cardíaco. Sin embargo, el corazón es uno de los órganos que más rápido siente la falta de agua. Basta con que el cuerpo pierda una pequeña cantidad de líquido para que el equilibrio interno se altere y el sistema cardiovascular tenga que compensar de formas que muchas veces pasan desapercibidas.
El corazón late gracias a impulsos eléctricos precisos y a un volumen sanguíneo adecuado. Cuando hay deshidratación, el volumen de sangre disminuye y esta se vuelve más espesa. Esto obliga al corazón a latir más rápido y con mayor fuerza para poder mantener el flujo necesario hacia los órganos. Ese esfuerzo extra puede generar palpitaciones, latidos irregulares o la sensación de que el corazón “se acelera” sin razón aparente. No es ansiedad, no es imaginación: es fisiología.
Además, la deshidratación altera el equilibrio de electrolitos como sodio, potasio y magnesio, minerales esenciales para la conducción eléctrica del corazón. Cuando estos niveles se desajustan, los impulsos eléctricos se vuelven menos estables y el ritmo cardíaco puede perder su regularidad. En personas sensibles, esto se manifiesta como taquicardias leves, latidos saltados o una sensación incómoda en el pecho que aparece de forma intermitente.
El cuerpo intenta compensar este desequilibrio activando el sistema nervioso simpático, el mismo que se activa en situaciones de estrés. Esto eleva aún más la frecuencia cardíaca y puede generar una sensación de alerta, inquietud o ansiedad secundaria. Muchas personas interpretan estos síntomas como nerviosismo, cuando en realidad el origen está en la falta de agua.
La situación se vuelve más delicada en personas que consumen mucha cafeína, alcohol o bebidas energéticas, ya que estas sustancias favorecen la pérdida de líquidos y alteran aún más el equilibrio electrolítico. También en quienes realizan ejercicio intenso sin una hidratación adecuada, o en adultos mayores, cuyo mecanismo de sed es menos eficiente.
Lo más peligroso es que estas alteraciones pueden aparecer incluso sin sed evidente. El cuerpo prioriza funciones vitales y retrasa la sensación de sed, mientras el corazón ya está trabajando en condiciones menos favorables. Por eso, palpitaciones inexplicables, cansancio repentino o sensación de latidos irregulares pueden ser una señal temprana de deshidratación.
Hidratarse correctamente no es solo cuidar los riñones o la piel. Es mantener estable el sistema eléctrico del corazón, permitir que la sangre circule con fluidez y evitar que el corazón tenga que compensar de forma forzada. Es una acción simple con un impacto profundo.
Porque a veces, el corazón no se altera por una enfermedad grave…
Se altera porque le falta agua.
Y devolverle ese equilibrio puede ser suficiente para que vuelva a latir en calma.