22/12/2025
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💥🎯 “PARTÍCULAS INVISIBLES: CRÓNICA DE UNA EMBOLIA GRASA POSTRAUMÁTICA”🦴🫁
✍️ Una crónica de Pasión Médica Pro
La guardia llevaba horas avanzando con el ritmo habitual de un servicio de trauma: politraumatizados estabilizados, cirugías ortopédicas en curso, monitores marcando números previsibles. Nada hacía pensar que ese turno terminaría grabado con tanta nitidez en la memoria clínica.
A las 2:40 a.m. ingresó a la UCI un hombre de 31 años, previamente sano, víctima de un accidente de tránsito. Fractura cerrada de fémur izquierdo, contusión torácica leve, Glasgow 15 al arribo. Había pasado por quirófano para fijación externa provisional y llegó hemodinámicamente estable. El tipo de paciente que uno clasifica mentalmente como “vigilancia estrecha y esperar”.
Cuatro horas después, la historia cambió.
La enfermera me llamó con tono contenido: —Doctor, el paciente está desorientado, saturando 88% con máscara, taquicárdico. No es el mismo de hace una hora.
Al entrar al cubículo, la escena no cuadraba. Respiraba rápido, con esfuerzo, mirada errática, respondía incoherente. La presión se mantenía en 100/65 mmHg, la frecuencia cardíaca en 125 lpm. No había sangrado activo, no había signos de sepsis, no había explicación obvia.
Pedí gasometría, laboratorio completo y tomografía urgente de tórax y cerebro. Mientras tanto, algo llamó la atención: pequeñas máculas petequiales en la región supraclavicular y en la conjuntiva. No siempre aparecen, pero ese hallazgo, en el contexto adecuado, pesa.
La gasometría mostró hipoxemia significativa con alcalosis respiratoria inicial. La tomografía de tórax reveló infiltrados alveolares bilaterales parcheados, no compatibles con contusión pulmonar aislada. El TAC cerebral no mostró lesiones estructurales. El hemograma evidenció anemia relativa y trombocitopenia incipiente.
El diagnóstico comenzó a imponerse sin necesidad de decirlo en voz alta: síndrome de embolia grasa.
En el trauma ortopédico, la grasa no es un simple componente anatómico. Tras la fractura de huesos largos, especialmente del fémur, microgotas lipídicas provenientes de la médula ósea ingresan al torrente sanguíneo. Algunas obstruyen directamente la microcirculación pulmonar y cerebral; otras desencadenan una cascada inflamatoria sistémica mediada por ácidos grasos libres, daño endotelial y activación plaquetaria. El resultado es hipoxemia, compromiso neurológico y alteraciones hematológicas, a menudo progresivas.
No existe una prueba única que lo confirme. Es un diagnóstico clínico, de contexto, de experiencia. Y de tiempo.
Iniciamos soporte ventilatorio con oxígeno de alto flujo, restricción prudente de líquidos, analgesia adecuada y vigilancia neurológica continua. No hay antídoto. No hay terapia específica que “limpie” la grasa circulante. El tratamiento es sostener al paciente mientras el organismo logra redistribuir, metabolizar y superar el daño.
Horas después, la insuficiencia respiratoria avanzó. Se decidió intubación orotraqueal y ventilación protectora. El paciente desarrolló fiebre, aumento de los requerimientos de oxígeno y mayor compromiso del sensorio. Cada decisión se tomaba con la certeza de que el margen de error era mínimo.
Durante la madrugada, revisé nuevamente el caso. Fractura de fémur, deterioro neurológico agudo, hipoxemia, petequias, infiltrados pulmonares. Los criterios clásicos estaban allí, aunque la realidad clínica nunca se presenta como en los libros.
Tras 72 horas de manejo intensivo, la evolución comenzó a estabilizarse. La oxigenación mejoró, la fiebre cedió, el nivel de conciencia regresó de forma gradual. Fue extubado al quinto día, con amnesia parcial del evento, pero sin secuelas neurológicas permanentes.
Antes del alta de la UCI, me preguntó: —Doctor… ¿qué fue lo que me pasó? —Una complicación poco visible del trauma —le respondí—. Tu cuerpo reaccionó a la fractura de una forma intensa, pero logró recuperarse.
La embolia grasa sigue siendo una entidad subestimada. No siempre es fulminante, no siempre deja huellas radiológicas evidentes, y muchas veces se confunde con neumonía, contusión pulmonar o delirium del paciente crítico. Su prevención real está en la estabilización temprana de las fracturas, el manejo cuidadoso del volumen, la vigilancia clínica estricta y la sospecha precoz.
Ese caso recordó una verdad incómoda de la medicina crítica: en el trauma, no todo ocurre en el impacto inicial. Algunas complicaciones se gestan después, en la microcirculación, en la respuesta inflamatoria, en detalles que no gritan, pero pesan.
Y allí, en ese espacio entre lo visible y lo fisiológico, es donde la clínica sigue siendo insustituible.👌💯🎯