11/05/2026
Durante siglos te enseñaron que la “madre ideal” debía ser solo dulzura.
Te dijeron que ser madre era sacrificio silencioso,
paciencia infinita
y una sonrisa que nunca se rompe.
Te enseñaron a ser la “vaca sagrada”:
nutricia, mansa y siempre disponible.
Pero hoy, en el Día de las Madres,
Sekhmet viene a recordarte la otra mitad de tu verdad.
Ella no pide permiso.
Ella es la Leona.
Su aliento es el viento del desierto que quema la mentira.
Su mirada es el sol que no puedes ignorar.
Y sus garras no existen por crueldad…
existen por justicia.
Te hicieron creer que tu rabia era un pecado.
Que cuando defendías tu paz,
tu tiempo
o a tus hijos…
eras “demasiado”.
Te llamaron destructiva
porque no pudieron controlarte.
Pero Sekhmet revela algo incómodo:
la misma mano que acaricia,
tiene que saber desgarrar
cuando el límite es cruzado.
No puedes ser una verdadera sanadora
si no tienes el valor de convertirte en guerrera.
Durante mucho tiempo intentaron separar a la mujer que ama
de la mujer que lucha.
Nos enseñaron que la fuerza era masculina
y la suavidad femenina.
Sekhmet rompe esa mentira de un rugido.
Ella es la prueba de que el amor más puro
también tiene dientes.
Es la madre que no acepta migajas de respeto.
La mujer que entiende que su fuego no es para destruir por capricho…
sino para proteger lo que ama.
La pregunta no es si eres suficientemente buena.
La verdadera pregunta es:
¿cuándo vas a dejar de disculparte
por el fuego que llevas dentro?
Ser madre no es desaparecer para que otros brillen.
Es convertirte en el sol
que decide qué vida florece en su jardín
y qué maleza debe ser quemada.
Hoy no celebramos tu obediencia.
Celebramos tu rugido.
Celebramos a la mujer que, como Sekhmet, entiende que para proteger la vida…
a veces hay que convertirse en tormenta.
No eres una víctima del sacrificio.
Eres la soberana de tu propia fuerza.
Feliz día a la Leona que habita en ti.