19/12/2025
Ser mamá de un niño autista se vive distinto.
No porque haya menos amor, sino porque hay más conciencia.
El amor aprende a transformarse todos los días.
Aprendes a bajar el ritmo de un mundo que va demasiado rápido, a observar con atención, a escuchar lo que no siempre se dice con palabras.
Aprendes que muchas conductas no son berrinches ni mala educación, sino una forma honesta de decir: “esto me duele”, “esto me asusta”, “esto me rebasa”.
Te vuelves experta en leer silencios, en anticipar cambios, en crear refugios cuando el ruido, la espera o la rutina se vuelven demasiado.
Celebras avances pequeños que para otros pasan desapercibidos, pero que para ti significan meses de esfuerzo, paciencia y amor.
Ser mamá de un niño autista también es educar al entorno. Es explicar una y otra vez, es defender sin pedir permiso, es sostener miradas, comentarios y juicios que no conocen la historia completa.
Y aun así, elegir la calma cuando puedes
y la firmeza cuando hace falta.
No es una maternidad sencilla.
Es una maternidad que cansa, que duele, que confronta, pero que también despierta una sensibilidad distinta, una empatía más profunda
y una forma de amar que no cabe en moldes.
No es heroicidad.
Es amor adaptado.
Es presencia constante.
Es acompañar incluso cuando no hay aplausos ni comprensión.
Ser mamá de un niño autista se vive distinto porque te transforma desde adentro y te enseña que el amor verdadero no siempre es ruidoso, pero sí inmensamente valiente ❤️
Alejandra Quiroz ✍️🏻
TRES VECES MAMÁ