11/12/2025
Diciembre, último mes del año.
Psic. Sofia Itzel Orona Piedra
Se puede sentir una nostalgia en el aire, vuelven recuerdos de la niñez, aromas, canciones y tradiciones que nos conectan con lo que fuimos, con lo que teníamos. Más allá de las celebraciones, estas fechas mueven cosas en nuestro interior, se mezclan memoria, afecto y ese impulso de acercarnos a quienes queremos, de agradecer, de demostrar cariño como podamos.
Para algunos, estas épocas pueden sentirse cálidas y familiares, para otros puede volverse una época más pesada, silenciosa, incluso dolorosa. Hay quienes buscan compañía, luz y ruido, y hay quienes necesitan justo lo contrario, silencio, descanso, espacio para lo que duele.
Quizá por eso decorar la casa, preparar un platillo especial o prender una luz se vuelve tan significativo. No es solo adornar o cocinar, es crear un espacio de calidez en medio del frío, un pequeño refugio donde se pueda respirar. Estas tradiciones, por sencillas que parezcan, nos recuerdan que seguimos conectados a algo y a alguien, que todavía hay sentido en cerrar un año y abrir otro.
No existe una sola forma de celebrar esta época. Algunos están rodeados de familia, amigos o nuevas presencias que iluminan su vida, y para ellos estas fechas se sienten como un abrazo cálido. También están quienes no tienen con quién celebrar, quienes viven lejos, atraviesan un año difícil o cargan una ausencia que duele más en estos días. Cada quien festeja en este mes desde su propia historia, desde sus heridas y sus alegrías, y todas esas formas son válidas.
Las celebraciones pueden ser ruidosas o tranquilas, compartidas o íntimas. No estamos obligados a sentir una felicidad perfecta ni a encajar en una imagen ideal. Lo importante es darnos permiso de vivir estas fechas a nuestro propio ritmo, con honestidad, cuidando lo que sentimos y permitiéndonos empezar o cerrar lo que necesitemos.
Al final, las fiestas no se tratan solo de reuniones o decoraciones, sino de encontrar lo que cada uno necesita en este momento del año.